Firmas en la Feria del Libro de Bilbao
Junio 5, 2009
El próximo domingo, 7 de junio, estaré firmando ejemplares de Como una historia de terror, en la Feria del Libro de Bilbao, situada en la plaza del Arenal. Me encontraréis en la caseta de la librería Etxean a partir de las 19:00.
“Perturbaciones” en El Periódico de Catalunya
Mayo 27, 2009
Lo que sigue es la reseña de Perturbaciones aparecida hoy en El Periódico de Catalunya, firmada por Ricard Ruiz Garzón.
26 JUICIOS A LA REALIDAD
Por criterio, por calidad y, sobre todo, por llenar los huecos que la desidia y el prejuicio dejan vírgenes en el seguimiento de la actual narrativa española, hay antologías que deberían figurar en una antología. Perturbaciones es una de ellas. Para comprobarlo, deberían conocer la historia del lector cuyo ejemplar de La isla del tesoro se convirtió en una aburrida crónica sobre piratería, o la de la medievalista que se descubrió a sí misma en las miniaturas pintadas ocho siglos antes por un monje, o la del solterón que se descubrió en un mundo paralelo donde el pollo no existía.
Deberían también hincarle el diente a la de la mujer que predecía la vida en las «biológicas» del diario, la del viajero obligado a elegir entre dos destinos en función del andén por el que descendiera o, no se la pierdan, la historia de Dios Finalmente Juzgado por un metódico ciudadano. Para ello deberían, en fin, devorar los relatos de José Mª Merino, Elia Barceló, Félix J. Palma, Óscar Esquivias, Carlos Castán, Cristina Peri Rossi y los otros 20 cultivadores del género fantástico recogidos en esta compilación imprescindible para cualquier lector atento a las fronteras de esa ramplonería que muchos aún se empeñan en llamar realidad. Y deberían, les interese o no el género, porque esta obra rigurosa, que deja fuera el realismo mágico, la ciencia ficción, el terror, el surrealismo y la literatura maravillosa (Tolkien incluido), no solo demuestra que la transgresión de lo fantástico goza en España de envidiable salud, sino que además combina con tal acierto nombres nuevos y consagrados que habrá de servir de guía durante años.
Precedida de un ambicioso prólogo de Juan Jacinto Muñoz Rengel, antólogo de los cuentistas andaluces en Ficción Sur, estas Perturbaciones presentadas con la solvencia habitual de Salto de Página permitirán al lector reencontrar a maestros como los citados y Juan Pedro Aparicio, Cristina Fernández Cubas o Pilar Pedraza, pero además le ayudarán a descubrir diamantes tan pulidos como Ángel Olgoso, Jon Bilbao, Ignacio Ferrando o la poética Patricia Esteban Erlés.
Con antologías así, igual que con sus precursoras en Menoscuarto a cargo de David Roas, lo único poco realista sería creer que el fantástico español no es algo más que una realidad.

Perturbaciones
Abril 28, 2009
Tengo el placer de anunciaros la aparición de Perturbaciones, Antología del relato fantástico español actual, publicada por Salto de Página, con edición y prólogo a cargo de Juan Jacinto Muñoz Rengel.

La lista de autores seleccionados (entre los que tengo el orgullo de encontrarme) es, como veréis, impecable (y no lo digo por mí):
Juan Pedro Aparicio, Elia Barceló, Jon Bilbao, Carlos Castán, Óscar Esquivias, Patricia Esteban Erlés, Cristina Fernández Cubas, Ignacio Ferrando, Laura Freixas, Luis García Jambrina, Fernando Iwasaki, Ignacio Martínez de Pisón, José María Merino, Manuel Moyano, Miguel Ángel Muñoz, Ángel Olgoso, Julia Otxoa, Félix Palma, Pilar Pedraza, Cristina Peri Rossi, David Roas, Norberto Luis Romero, Luis Manuel Ruiz, Óscar Sipán Pedro Ugarte y Miguel Ángel Zapata.
Los que tengáis la suerte de estar mañana, día 29, en Madrid podéis asistir a la presentación que tendrá lugar a las 11:30 en el Hotel Kafka (C/. Hortaleza, 104), con la presencia del antólogo y los autores Ignacio Ferrando y Miguel Ángel Zapata.
Y para los que no podáis acudir, aquí os dejo un fragmento del prólogo, para abráis boca:
«En el interior de este volumen hay de todo, anomalías y perturbaciones para todos los gustos. Prueben a abrirlo. Ábranlo y lean. Lean sobre la muerte, la vida después de ésta, la inmortalidad, el paraíso, el limbo, el infierno, los resucitados, y los espectros de hoy o de hace veinticinco siglos. Lean sobre Dios y el Diablo, el origen y el fin. Lean acerca de mundos paralelos, de bucles temporales que conectan nuestro presente con el Medievo, de la predeterminación encerrada en los espejos, o de las necrológicas inversas que publican algunos periódicos. Lean en torno al doble, a la identidad y a las conexiones invisibles. Lean todo sobre las interacciones entre realidad y ficción, metaficción y metaliteratura. O incluso sobre la absoluta desaparición de la ficción en los libros. Lean sobre los sueños y las pesadillas. Sobre las transformaciones imposibles de hombres y mujeres, de objetos y animales. Lean acerca de la presciencia, la telepatía, la telequinesia, y todas las perturbaciones de las capacidades cognitivas, las de la memoria, las de la personalidad, las de la percepción. Lean. Lean y disfruten del cosquilleo y el vértigo de asomarse a los bordes del abismo.»
“El hermano de las moscas” finalista del premio Celsius
Abril 16, 2009
Me alegro mucho de anunciar que El hermano de las moscas está entre las novelas finalistas al premio Celsius, que concede la Semana Negra de Gijón. Los demás finalistas y premios son los siguientes:
- Premio Celsius 2009 a la mejor obra de ciencia ficción o fantasía
- El hermano de las moscas, Jon Bilbao
- El abismo en el espejo, Rodolfo Martínez
- Rojo alma, negro sombra, Ismael Martínez Biurrún
- El mapa del tiempo, Félix J. Palma
- Premio Hammet 2009 a la mejor novela policiaca
- Adiós, princesa, Juan Madrid
- ¿Dónde estás, alacrán?, Jorge Moch
- El cielo llora por mí, Sergio Ramírez
- 77, Guillermo Saccomano
- Niños de tiza, David Torres
- Premio Espartaco 2009 a la mejor novela histórica
- Península, península, Hernán Lara Zavala
- Salamina, Javier Negrete
- El país de la canela, William Ospina
- Premio Memorial Silverio Cañada 2009 a la mejor primera novela
- A buenas horas, cartas de amor, Victor Andresco
- Y punto, Mercedes Castro
- Conducir un tráiler, Rogelio Guedea
- Sé que mi padre decía, Willy Uribe
- A timba abierta, Óscar Urra
- Premio Rodolfo Walsh 2009 a la mejor obra de no ficción policiaca
- La mala vida, Carles Quílez
- La reina del Pacífico, Julio Scherer
Entre los nombres de esta lista, me alegra especialmente ver a Óscar Urra, compañero de editorial, y a Willy Uribe, compañero de charlas literarias. Enhorabuena a ellos y a todos los demás.
Más información en la web de la Semana Negra de Gijón.
Moby Dick en viñetas
Marzo 29, 2009
El blog Cómic, historietas, tebeos… ha publicado un interesante post sobre adaptaciones de obras literarias al cómic, centrándose en las adaptaciones que se han hecho de Moby Dick. Entre los autores de éstas se encuentran: Will Eisner, Bill Syenkiewick y el patrio Antonio Pérez García, responsable de la versión que publicó la editorial Bruguera en su famosa colección “Joyas de la literatura universal”.

Sobre “Sólo un muerto más”, de Ramiro Pinilla
Febrero 27, 2009
Mientras leía la última novela de Ramiro Pinilla, a menudo me venía a la mente otro libro que, en principio, nada tiene que ver con el imaginario del autor de Verdes valles, colinas rojas. Se trata de El sindicato de policía Yiddish, de Michael Chabon. Las dos novelas comparten un objetivo común: una renovación/ampliación de la literatura negra mediante la adaptación de los arquetipos del género a los universos particulares de sus autores. También en ambos casos, el proceso revela un profundo conocimiento y respeto a tales arquetipos.
Vayamos ahora con las diferencias. Chabon se sirvió de una interesante ucronía para ambientar su incursión en la novela negra: tras la Segunda Guerra Mundial, una colonia de judíos se asienta, en vez de en Israel, en una franja de la costa de Alaska. Pinilla, por su parte, ha escogido un escenario de carne y hueso, y que conoce muy bien: el Getxo de la posguerra. El trabajo imaginativo de Chabon fue notable, pero al mismo tiempo se convirtió en un arma de doble filo. En el El sindicato de policía Yiddish resulta más atractivo el decorado de la historia que la historia en sí. En Sólo un muerto más, ambos aspectos de la novela avanzan de la mano, apoyándose mutuamente a cada paso. Por otro lado, el universo creativo de Chabon, con sus referencias al mundo judío y a la cultura pulp está menos asentado y es más flexible que el Getxo de Pinilla, que ha venido construyéndose desde Las ciegas hormigas (1960), por lo que el casamiento de aquél con el género negro era mucho más sencillo.

Estamos en 1945 y Sancho Bordaberri es propietario de una librería en Getxo. Además de leer le gusta escribir. Admira a los clásicos del género negro: Hammett, Chandler, Cain… y escribe novelas emulándolos, ambientadas en un Los Ángeles donde nunca ha estado y protagonizadas por detectives de gabardina, sombrero de ala ancha y revólver calibre 38. Lamentablemente, ninguna editorial acepta sus novelas. Tras dieciséis fracasos (dieciséis novelas), casi arroja la toalla. Está a punto de abandonar sus aspiraciones literarias cuando se detiene a pensar que quizá lo que debería hacer es escribir sobre lo que sabe y sobre las personas que conoce, lo que dará verosimilitud y garra a sus historias. Además, tiene una historia delante de sus mismas narices. La ha tenido desde hace diez años, cuando los gemelos Altube, unos conocidos marrulleros y timadores, fueron encadenados a una roca de la playa de Arrigúnaga para que la marea los ahogara. El inicio de la Guerra Civil eclipsó la posterior investigación y el culpable nunca fue descubierto. Sancho decide convertirse él mismo en investigador y vivir la novela que luego escribirá.
Dicho esto, podría pensarse que Sólo un muerto más consiste en una traslación de las tramas clásicas del género negro a un escenario diferente del habitual, que los personajes en lugar de whisky beberán txakolí; en lugar de empuñar revólveres llevarán escopetas de caza; y en lugar de los policías corruptos, las palizas las darán los falangistas. Esto, de por sí, ya sería interesante y meritorio. Pero hay bastante más.
La inmersión de Sancho Bordaberri en su proyecto detectivesco/literario va más allá de hacer unas cuantas preguntas a sus vecinos. Puesto que actuará como investigador, también se convertirá en un personaje de su futura novela, y eso requiere someterse a ciertos cambios. Sancho Bordaberri pasa a llamarse Samuel Esparta (en homenaje a Sam Spade), se enfunda el traje que sólo usaba en bodas y entierros y desempolva el sombrero que su tío trajo de las Américas. Pero esto no es suficiente. Todo investigador privado que se precie debe disponer de una oficina y de la secretaria de rigor. La librería hará las funciones de lo primero; y en cuanto a la secretaria, Koldobike, la antigua dependienta del negocio es ascendida de repente, previo teñido de rubio platino.
Este modo de afrontar la investigación es el aspecto más llamativo de la novela, y también el más arriesgado. En una primera lectura, la presencia de alguien disfrazado de detective encaja a duras penas en el escenario del Getxo de la posguerra, un entorno poco dado a las fantasías. Choca el modo como sus vecinos, tras la obvia sorpresa inicial, atienden las indagaciones de Samuel Esparta, cuando parecería más lógico que se rieran de él y no se lo tomaran en serio. Sin embargo, es precisamente el cambio de atuendo y actitud lo que permite progresar a Samuel Esparta y que las personas implicadas en el caso de los gemelos Altube se sinceren con él. La apariencia de Samuel los impresiona y anula sus reacciones primeras. Al mismo tiempo introduce un elemento de distanciamiento que permite a los vecinos contar a Samuel Esparta cosas que no dirían a Sancho Bordaberri.
Es obligado hablar también del carácter metaliterario de Sólo un muerto más. Durante sus indagaciones, Samuel Esparta se topa con un peculiar antagonista: un miembro de la Falange que, al igual que él, posee ambiciones literarias. El falangista es un poeta con inclinación a cantar las hazañas y virtudes del Régimen, pero quiere dar el salto a la narrativa. La idea de «vivir una novela» le atrae y el falangista se convierte en competidor de Samuel Esparta a la hora de desvelar el misterio de los gemelos Altube. Las conversaciones de tema literario entre ambos investigadores, verdaderos enfrentamientos de narrativa contra poesía, constituyen uno de los puntos más interesantes e inesperados del libro. El discurso de Esparta, partidario de la narrativa, es más que una declaración de intenciones; se trata de una poética en sí mismo, una poética en la que al lector familiarizado con la obra de Ramiro Pinilla le resultará fácil identificar la voz de éste. Por lo tanto, Ramiro Pinilla, a través de Sancho Bordaberri, a través de Samuel Esparta, nos regala una clase magistral sobre su concepción de la escritura, otra de las razones por las que Sólo un muerto más no es sólo una novela más.
Ramiro Pinilla. Sólo un muerto más. Tusquets. Barcelona. 2009
Sobre “Norteamérica Profunda”, de Juan Carlos Márquez
Febrero 10, 2009
Con un retraso para el que no tengo excusa leo Norteamérica Profunda, de Juan Carlos Márquez, colección de relatos ganadora del VIII Certamen Rafael González Castell en el año 2005, pero que no fue publicada hasta el pasado 2008. Como se puede intuir por el título, los cinco relatos que forman la colección están ambientados en lugares más o menos profundos de Norteamérica; valga esto, por el momento, como elemento que presta unicidad a la colección.
Se pueden apreciar en estos relatos numerosas influencias literarias y cinematográficas, pero influencias las tenemos todos. Si en lugar de en Norteamérica los relatos estuvieran ambientados en París, Madrid o Bilbao, también tendrían influencias, pero seguramente se hablaría menos de ellas en una reseña o ni siquiera se mencionarían. No sé cuál ha sido la fuente de inspiración de Juan Carlos Márquez, si se ha basado en sus lecturas, seguro que muy abundantes, y sus visionados, también abundantes, o si ha recorrido en persona los lugares descritos y experimentado de primera o segunda mano algunas de las situaciones narradas. Por este motivo no quiero emplear el término «homenaje» para calificar estos relatos. Homenaje implica algo secundario, un pastiche, algo que está por debajo de aquello a lo que se homenajea. En este caso, al margen de influencias, referencias y homenajes de cualquier tipo, estamos, simplemente, ante buenos relatos.

Abre el fuego “La sombra de las acacias”, una bildungsroman en miniatura donde en menos de treinta páginas Juan Carlos Márquez habla sin apresuramiento de la niñez, de la ausencia del padre, del desarraigo, del paso de la vida urbana a la rural, de la amistad, del sexo, del remordimiento, del perdón, de la responsabilidad, de la guerra…; todo ello con un estilo clásico, terso y libre de afectación: lo que pide la historia. Ni más ni menos. Se trata del relato más extenso y, en apariencia, más elaborado de la colección. No es, sin embargo, mi preferido; no por carencias narrativas sino por lo reiterativo de las etapas por las que pasan las historias de formación.
En los “Los jueves de Pleasent” se produce un golpe de timón. Pasamos del rancho a la mansión costera; del olor a pasto y estiércol, al del perfume y la madera barnizada; del relincho de los caballos, al tintineo del hielo en una copa; de Steinbeck/Canin a Cheever/Fitzgerald. Nos encontramos con el siempre resultón enfrentamiento entre nuevos y viejos ricos y con un protagonista con el que apetece compartir una coctelera de dry martini.
“Salvajes”. Otro golpe de timón. Retrocedemos varios siglos, hasta la colonización del territorio. Indios, colonos, caballos, cabañas y bosques. Mejor no hablar mucho sobre el relato para no destriparlo. Ojalá fuera más largo.
Llegamos ahora a los dos últimos, que son mis preferidos. “La Tierra en pedazos” cuenta una historia de amistad, otro de esos temas inagotables, entre un convicto y uno de sus carceleros. Al margen de mi inclinación por los relatos de amistad/compañerismo, valoro en “La Tierra en pedazos”, sobre todo, su final: emotivo, contenido y potente. Por supuesto, no pienso contarlo aquí.
Cierra la colección “El Espíritu del Norte”, a mi entender el mejor relato del conjunto. Una mujer padece cáncer de pulmón. Antes de que sea demasiado tarde, ella y su marido alquilan una caravana y emprenden el viaje que siempre quisieron hacer: a Churchill (Canadá) para presenciar el espectáculo de la aurora boreal. De nuevo un relato emotivo, que no cae en la sensiblería a pesar de que el planteamiento se prestaba a ello, salpicado de un simbolismo flexible, elegante y no obstructivo (la aurora boreal, la anciana india que acompaña a la pareja a presenciar el espectáculo celeste, sus encuentros con dos jóvenes por el camino…), y un final palpitante, perfecto para concluir el libro.
¿Los peros? En primer lugar, “Norteamérica Profunda” se merecía una edición y, sobre todo, una distribución mejores de las que ha disfrutado; pero qué vamos a decir a estas alturas de las publicaciones institucionales que no sepamos ya. Por otro lado, quizá el final de “La sombra de las acacias” sea un poco forzado; ese entrenador de atletismo que de repente desvela al chico protagonista cómo fue el final del padre de éste en Vietnam; y quizá la lectura que debemos hacer del título “Salvajes” resulte predecible: los salvajes no son los indios, sino los aparentemente pacíficos y bienintencionados colonos. Quizá, quizá, quizá… Principalmente, aspectos que quedan fuera del control del autor, dudas y críticas basadas más en gustos personales que en verdaderas certezas.
Y hablando de certezas…
Una. Que cuando lees bien, ves cine bien, te empapas bien de lo que te rodea y escribes bien puedes ambientar tus historias en Norteamérica, China o una galaxia lejana, muy lejana sin que importe que seas de París, Madrid o Bilbao.
Y otra. Que el único criterio unificador que importa a la hora de valorar una colección de relatos es el de la calidad.
Juan Carlos Márquez, Norteamérica Profunda, Diputación de Badajoz, 2008
ACTUALIZACIÓN: Ahora esta reseña también puede leerse en Revista de Letras.
Entrevista en El Síndrome Chéjov
Febrero 5, 2009
Miguel Ángel Muñoz ha colgado en su blog El Síndrome Chéjov (una referencia impagable para los aficionados al relato) una entrevista a un servidor. Gracias, Miguel Ángel.
Una muestra:
Es cierto que hay una tendencia a asociar la escritura libre de retórica con el realismo y la objetividad. Por otro lado el género de terror, especialmente en los textos clásicos, suele ir acompañado de una prosa más recargada. En algunos de los relatos de la colección, en especial en “Como una historia de terror” y, en menor medida, “La Fortaleza”, he intentado combinar ambas tendencias. He usado un estilo sin adornos para construir un entorno “realista”, fácilmente reconocible para el lector, y a continuación, sin salirme de ese estilo, he ido introduciendo, poco a poco, elementos propios del género de terror (personajes, situaciones, decorados…). No deja de ser un juego de contrastes. Sobre el fondo realista, los elementos extraños destacan más y hacen que el lector se replantee la veracidad de todo lo que los rodea. Es una estrategia que me gustaría seguir explorando en el futuro.
“Como una historia de terror” en El Cultural
Febrero 4, 2009
El pasado 30 de enero el suplemento El Cultural publicó la siguiente reseña de Como una historia de terror:
No es habitual que en un mismo año se den cita los dos primeros títulos de un escritor sin apenas significación en nuestro mercado editorial; en este caso se debe al reconocimiento otorgado al primer libro, lo que abrió hueco al segundo, premio Ojo Crítico de la Narrativa 2008. Uno y otro son resultado de repetidos empeños por escribir acogiéndose a los parámetros de una tradición literaria que contempla por igual la forma, la construcción y la resolución de una historia. Jon Bilbao es, pues, ante todo, el escritor al que no hay que aureolar por su condición de revelación novel sino por la aportación de una novela -El hermano de las moscas- ante la que es imposible permanecer indiferente, y un conjunto de relatos que, bajo el título Como una historia de terror, acoge siete escritos fascinantes, de diferente factura y extensión (el que da título al volumen es casi una nouvelle). Uno y otro reconciliarán a cualquier lector exigente con la literatura.
Una de las sorpresas que depara este volumen es la inclusión de motivos que, en cada relato, sirve a una original construcción y otorga unidad al conjunto. La presencia de una pareja en el centro de cada trama es uno de ellos. Otro son inquietantes presencias secundarias que maneja con verdadero efectismo dramático en diferentes relatos (“El hambre en los alrededores del lago”) así como la dosis justa de humor conviviendo con lo patético (“El ladrón lencería”) y la aparente ausencia de artificio para lograr suspense e intriga, y para minimizar los efectos de lo fantástico sobre la realidad. Todos estos recursos se reúnen en la historia de terror que cierra el volumen: dos jóvenes se lanzan al reto de habitar una casa alejada de todo, pero las pesadillas asedian por los frentes más débiles de la relación. Fascina el enigmático discurrir de la acción, la deriva moral de vidas sin dirección, la sobriedad con que minimiza las desdichas.
PILAR CASTRO
Sobre “Las hermanas Grimes”, de Richard Yates
Enero 31, 2009
Los cinéfilos agraciados con el don de almacenar información inútil -lo que incluye a muchos o a casi todos- quizá recuerden una escena de Hannah y sus hermanas en que Barbara Hershey agradece a Michael Caine que le haya prestado un libro de Richard Yates titulado Desfile de Pascua. Bien, pues Desfile de Pascua y Las hermanas Grimes -novela objeto de la presente reseña- son el mismo libro. El motivo del cambio de título puede ser, quizá, que la novela está protagonizada por dos hermanas que se apellidan Grimes. Otro motivo puede ser que de esta forma el título suena más femenino, y como las mujeres son las principales clientas de las librerías…
Las tripas de la novela, eso sí, siguen siendo las mismas. Y es una suerte, porque se trata de una obra más que notable. Es comprensible que Barbara le agradezca a Michael el habérsela prestado.

Nueva York, años 30. Sarah y Emily Grimes son hijas de un reportero frustrado que trabaja como copista en un panfleto reaccionario y de Pookie, como le gusta que la llamen, una mujer parlanchina, que hace gala de unas injustificadas aspiraciones de clase y cuyos adjetivos preferidos, repetidos hasta el extremo de perder todo su sentido, son «maravilloso» y «delicioso». Tras la separación del matrimonio, las niñas se quedan con Pookie, que empieza una peregrinación por distintos empleos y domicilios. Sarah, la mayor, hace suyas las aspiraciones de su madre: encontrar un marido maravilloso, vivir en una casa deliciosa y tener hijos que sean ambas cosas. Emily, por su parte, es la independiente, la liberal, la que aspira a ir a la universidad y tener una carrera. Ambas consiguen lo que quieren. Sarah se casa con un hombre que se parece a Laurence Olivier, se muda al campo y se reproduce en tres ocasiones. Emily consigue una beca universitaria, estudia literatura y entra en una agencia publicitaria; por el camino conoce a buen número de hombres. Si las Grimes deben considerarse afortunadas o no por lograr sus aspiraciones es decisión del lector.
Si en Vía Revolucionaria, su novela más conocida, Richard Yates presentaba un drama de tono intenso, concentrado en un puñado de personajes y en un tiempo y un decorado muy limitados, el drama de Las hermanas Grimes es sordo y extensivo. Afecta a Sarah y Emily, a sus padres, a la familia que forma Sarah y a las sucesivas parejas de Emily, además de prolongarse durante décadas. Vía Revolucionaria dispone de un clímax trágico que, a nivel narrativo, permite que la tensión acumulada se libere. Eso no sucede en este caso. Las hermanas pasan por una serie de malos tragos en nada ajenos a lo que cualquier persona puede experimentar: el envejecimiento y muerte de los padres, la mudanza de carácter de las parejas, los trabajos que se revelan infructuosos, la continua postergación de ciertos sueños… La familiaridad de los baches que sufren las Grimes, el modo natural como se suceden -no por previsible menos sobrecogedor- y la forma en que es mostrado el paso del tiempo -como agua sucia que corre entre los dedos dejándolos cubiertos por una película desagradable- hacen que esta novela se lea con un nudo en el estómago. Un nudo que nunca se destensa. Pero gracias al buen oficio de Yates no dejamos de pasar las páginas.
Lo que mayor desasosiego produce es el discurrir del tiempo. En poco más de doscientas páginas, Yates concentra la vida de varias personas, y en particular la de Emily, la hermana pequeña y personaje central de la novela. Pero lo peor no es la rapidez con que se suceden los acontecimientos, sino su carácter infructuoso. O aparentemente infructuoso.
A pesar de todos sus deseos de independencia Emily no es tan impermeable como piensa a los adoctrinamientos de su madre. Sin ser plenamente consciente de ello busca una vida tan perfecta y ordenada, tan de color de rosa como la que (aparentemente) disfruta su hermana. Nada le parece lo bastante bueno, ningún trabajo, ningún hombre, ninguno de sus intentos por convertirse en escritora… Al principio todo parece «maravilloso» y «delicioso» para revelarse a la postre como descorazonador, feo y perecedero.
Cada vez que Emily se encuentra en una situación que la incomoda, la confunde o la frustra, o cada vez que la vida la deja en la cuneta, siempre dice lo mismo: «Ya veo». Pero no es cierto. En realidad no ve nada. No ve que sus sucesivas parejas llevan los defectos expuestos en la solapa: el universitario impotente, el poeta atormentado por su declive creativo, el ejecutivo que sigue enamorado de su primera mujer… Ella sólo ve idealizaciones de lo que podría llegar a ser. Quiere que todo sea perfecto, como aquella foto que su hermana tiene colgada en el salón, en la que una Sarah adolescente y su marido igualito a Laurence Olivier, vestidos de gala, se sonríen uno al otro en la Quinta Avenida, bajo un sol primaveral, durante el desfile de Pascua. Una fotografía «maravillosa» y «deliciosa».
Al final, a fuerza de equivocarse, Emily abandona sus sueños de perfección. Se carga de tristeza y rencor contra todo y todos los que la rodean. Y una vez más vuelve a equivocarse. Vuelve a no ver. Porque es cierto que la perfección resulta inalcanzable, pero hay personas y objetivos en los que confiar, y están ahí, presentes, desde siempre, sólo hay que enfocar la mirada para verlos.
Richard Yates, Las hermanas Grimes, Alfaguara, Madrid, 2009
También podéis leer esta reseña en la revista Clarín (#80).