SOBRE “EL HOMBRE DEL SALTO”, DE DON DELILLO

octubre 20, 2007

El 11 de septiembre de 2001 unas cuantas palabras cotidianas adquirieron connotaciones nuevas: avión, rascacielos, cúter, salto… Una mañana soleada, en el cielo de Manhattan lo familiar colisionó entre sí para generar una catástrofe inverosímil.

 

 

 

La última novela de Don DeLillo, El hombre del salto, explora los efectos de tal acontecimiento en la pareja formada por Keith y Lianne. Él trabaja en uno de los edificios del World Trade Center. El impacto del primero de los aviones lo arroja a la moqueta de su despacho. Logra escapar a tiempo. Las primeras páginas de la novela lo muestran emergiendo de la nube de polvo y ceniza provocada por el derrumbe de la torre sur, cubierto de un polvo constituido en parte por restos de quienes fueron sus compañeros de trabajo y amigos. ¿Qué hace a continuación? Acude al piso de Lianne, de la que lleva un tiempo separado y con quien comparte un hijo de corta edad. Se instala con ella. Vuelven a dormir juntos. Se diría que se reconcilian. La vida ha agarrado por las solapas a Keith y lo ha sacudido para que le entre en la cabeza que nada de lo que hasta entonces daba por seguro lo era, para que se replantee lo que de veras quiere y aquello en lo que cree. Y él regresa junto a su mujer y su hijo. ¿Nos quiere indicar Don Delillo que la institución familiar es la tabla de salvación de Estados Unidos, y por extensión de occidente, en los tiempos que corren?

No.

Los esfuerzos de Keith y Lianne no dan fruto. Su entorno les empuja a reunirse, pero no se trata de algo con origen en ellos mismos. La irrupción de aquellos aviones en el cielo matutino les ha recordado que necesitan un objetivo personal. Algo que realmente ansíen alcanzar, dotándolos de entidad. Quizá cuando lo encuentren puedan estar juntos sin simulacros. Ambos se lanzan a la búsqueda. El problema es que ellos -Keith, Lianne, Estados Unidos, occidente- no saben dónde empezar a buscar. Keith convierte las partidas semanales de póquer con sus amigos -muchos de ellos ahora muertos- en un objetivo vital. Era lo más parecido que tenía a una religión. Se traslada a Las Vegas y se convierte en jugador profesional, una vida tan solitaria como precaria. En ausencia de una opción mejor, Keith se aferra al azar. Lianne colabora como monitora en un taller de escritura para enfermos de Alzheimer. Cree que así llegará a conocer a su padre, quien se suicidó tras averiguar que sufría la misma enfermedad. Resulta inútil. Los escritos de sus alumnos se tornan incoherentes antes de poder facilitarle respuestas. Keith y Lianne logran poco y ambos lo saben. Otra victoria de los terroristas.

El hombre del salto es una novela acerca de lo necesario de poseer objetivos, y de lo terrible de que la búsqueda de los mismos conduzca a estrellar un avión contra un edificio.

 

El lector que busque una crónica sobre lo ocurrido en el interior del World Trade Center durante los momentos previos a su desplome probablemente quede decepcionado. El libro opta por proyectarse hacia el futuro y también hacia el pasado. Varias veces se ha planteado si es acertado escribir acerca de lo ocurrido el 11-S, si no es mejor dejarlo decantar. En una reciente entrevista DeLillo responde de modo elegante a esta cuestión, preguntándose cuánto tiempo hay que esperar, pues él ya no tiene 25 años. En su libro nos da una respuesta más elaborada. Los atentados del 11-S no fueron el comienzo de algo que haya que analizar con detenimiento, a partir de cero. Fueron una consecuencia de algo que ya venía desarrollándose. Esto queda evidenciado en ese manuscrito con el que Lianne, correctora freelance de libros, se cruza: un compendio de datos estadísticos, planos arquitectónicos y organigramas de grupos terroristas, redactado por un ex ingeniero aeronáutico apodado Unaflyer, un mamotreto que predice la catástrofe, de penosa redacción, rechazado en innumerables ocasiones y convertido en «una leyenda entre los agentes y los editores». El 11-S ya estaba sucediendo, no es necesario esperar más para escribir sobre ello.

Pero DeLillo no se resiste a asomarse al interior de las torres ni a los preparativos de los terroristas. En ambos casos las páginas son escasas y deslumbrantes, merecedoras de repetidas lecturas, pues en ellas se alberga el germen de lo desarrollado en el resto del libro. Sirva de ejemplo el momento en que otra superviviente narra su huida escaleras abajo, en el centro de una cadena de personas aterrorizadas, rodeadas de humo y tufo a combustible de avión. Se topa entonces con un ciego guiado por su perro lazarillo, «y era como sacado de la Biblia. Daban tal impresión de tranquilidad. “Como si fueran derramando tranquilidad en torno suyo”, pensó. (…) Tuvieron fe en el perro».

Don Delillo, El hombre del salto. Seix Barral. Barcelona. 2007

3 comentarios to “SOBRE “EL HOMBRE DEL SALTO”, DE DON DELILLO”

  1. M. said

    Enhorabuena por esta nueva apertura.

  2. Leandro H. said

    Salto importante este de liarse la red a la cabeza y crear un blog.
    El trabajo es arduo, pero merece la pena (creo).
    Seguiré tus victorias parciales de cerca.

  3. Me parece un libro visionario.

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