SOBRE “LA CARRETERA”, DE CORMAC McCARTHY (parte II)

octubre 25, 2007

Con La carretera, McCarthy da un paso más en el cambio de estilo iniciado en No es país para viejos y continuado en The Sunset Limited, «novela en forma dramática» todavía inédita en castellano. Las frases extensas y elaboradas, tan características del autor, tienden a desaparecer y dejan paso a una redacción cincelada, mucho más directa. La historia narrada en este caso se ajusta plenamente a tal giro estilístico. Ya no encontramos disertaciones acerca del alma de los caballos (no hay caballos), ni elaboradas descripciones del paisaje (a los personajes sólo les rodea un erial de ceniza), ni épicas rememoraciones del pasado (recordar resulta muy doloroso). En La carretera, el hombre y el niño caminan, buscan comida, están a punto de fallecer de hambre, encuentran algo para comer (poco), siguen caminando, vuelven a buscar comida… Consciente de que este ritmo resultaría tedioso para el lector, McCarthy opta por segmentar la narración en párrafos breves, escenas singulares, diálogos, que tornan ágil la narración a la vez que la dotan de paso firme. Resulta difícil interrumpir la lectura.

 

Los personajes son escasos, lacónicos, apenas se facilita información sobre su pasado; sus objetivos no pueden ser más simples: avanzar hacia el sur y hallar comida; el entorno resulta monótono y deprimente; el estilo de narración, casi telegráfico; y aun así sorprende el partido que McCarthy ha sacado a las sombrías cartas con que ha decidido jugar. Al contrario de lo que podría pensarse, el lirismo del autor no se ha visto mermado. En absoluto. Es complicado escoger entre los numerosos pasajes de enorme belleza e impacto: las reflexiones del hombre a la orilla del mar, cuando se pregunta si en sus oscuras profundidades habrán logrado sobrevivir criaturas; el hallazgo de un tren desierto y abandonado en mitad de un bosque, aún con equipajes dentro de los vagones; las lejanas visiones de ciudades, como fantasmas entre la lluvia de ceniza; o los árboles que se desploman sin razón aparente, como si ni siquiera ellos fueran capaces de soportar la situación y optaran por rendirse.

En ocasiones la narración se ralentiza, y lo hace para describir en detalle acciones que pueden sorprender por su escasa relevancia: arreglar una rueda del carrito de supermercado, manejar un hornillo de gas, preparar un desayuno, cortar el pelo al niño… En un mundo arrasado y con los seres humanos deslizándose hacia la bestialidad, esos hechos cobran una relevancia inusitada. Por eso McCarthy se detiene en ellos. Palabras sencillas, frases sencillas, acciones sencillas, explicadas paso a paso. Para que el hombre y el niño no olviden. Para que recuerden que son personas. Para que a partir de ellas puedan empezar a reconstruir.

Cormac McCarthy. La carretera. Mondadori. Barcelona. 2007

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