Sobre “Chicas muertas”, de Nancy Lee

noviembre 22, 2007

La desgracia se cierne sobre los relatos de Chicas muertas. Para ello adopta la forma de un asesino en serie, un dentista de la ciudad canadiense de Vancouver al que sus vecinos ven como “alguien normal”, pero que emplea el patio trasero de su casa para ocultar cuerpos de chicas. El dentista asesino actúa como nexo de unión de los relatos; apariciones siempre fugaces, pero acercándose cada vez más a los protagonistas a medida que el libro progresa. Así nos encontramos, por ejemplo, con unos adolescentes ociosos fascinados con los crímenes del asesino; con los padres de una chica desaparecida a la que creen una de las víctimas; y con una presa potencial que sin llegar a saberlo escapa de una muerte segura. Visto en su conjunto el libro muestra un claro descenso hacia la miseria y el dolor; desde el primero de los relatos, Associated Press, cuyos protagonistas son profesionales de clase alta, modernos y proactivos, que se mueven con soltura por restaurantes de moda y pisos amueblados con piezas de diseño, donde la amenaza del dentista asesino es tan sólo algo lejano y anecdótico; hasta los últimos de la colección, Rollie y Adele y Hermanas, que poseen como escenario las zonas más deprimidas de Vancouver, por donde la muerte se pasea en un coche caro en busca de nuevas víctimas.

 

 

Chicas muertas, no es un libro sobre asesinatos, ni sobre investigaciones criminales, ni sobre la retorcida mente de un psicópata. Es un libro acerca de personas sobre quienes se cierne una amenaza. Más o menos conscientes de ello, en cada relato los personajes luchan por quererse a sí mismos y encontrar alivio en la compañía de los demás. Unos lo consiguen; otros, no. Y entre los que lo consiguen hay diferentes grados de éxito, o bien éste se presenta precario y sujeto a interpretaciones.

 

Entre los ocho relatos que componen la colección, todos de nivel alto o muy alto, podrían destacarse dos: Amor joven y Rollie y Adele. El primero, uno de los más originales, nos presenta a una enfermera cuya búsqueda de contacto humano la lleva a ofrecerse voluntaria para vigilar un maratón de baile en un instituto. En el segundo nos encontramos con una peculiar historia de amor entre una vagabunda y el dueño de un local de tatuajes; y a pesar de su abundante carga de tristeza, éste relato se erige, con notable ventaja, como el más emotivo y esperanzador del conjunto.

 

Nancy Lee escribe con esa envidiable soltura de los autores norteamericanos de relatos. La claridad de su estilo ayuda a transitar por las duras historias que nos ofrece. El viaje, duro a veces, conmovedor otras, merece la pena, sin duda.

 

foto-chicas-muertas.jpg

 

Nancy Lee. Chicas muertas. Circe. Barcelona. 2007

 

Una respuesta to “Sobre “Chicas muertas”, de Nancy Lee”

  1. christian said

    Eii éste libro me fascinó, me puso los pelos de punta!!!
    es una pasada!! lo recomiendo para que se lo lea todo el mundo, haze pensar…

    Un saludo!

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