Rough Crossings

diciembre 21, 2007

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La revista The New Yorker publica en su edición online el artículo Rough Crossings, que arroja algo de luz sobre la difícil relación entre el escritor Raymond Carver y su editor, Gordon Lish. El artículo trata el enorme agradecimiento que Carver sentía hacia Lish, quien lo había convertido en una de las primeras voces de la literatura estadounidense, así como las dudas y el resentimiento que le producían los importantes recortes que el editor realizaba a sus relatos, y que los dotaron del estilo minimalista que tan célebres los hizo. Rough Crossings también cita la (cuestionable) intención de la viuda de Carver, Tess Gallagher de publicar algunos de los relatos del autor tal como éste los concibió.  A modo de adelanto, The New Yorker publica el relato Beginners en su primera versión, libre de los cambios y recortes que posteriormente Lish introdujo.

Adjunto a continuación el comienzo del artículo.

On the morning of July 8, 1980, Raymond Carver wrote an impassioned letter to Gordon Lish, his friend and editor at Alfred A. Knopf, begging his forgiveness but insisting that Lish “stop production” of Carver’s forthcoming collection of stories, “What We Talk About When We Talk About Love.” Carver had been up all night reviewing Lish’s severe editorial cuts–two stories had been slashed by nearly seventy per cent, many by almost half; many descriptions and digressions were gone; endings had been truncated or rewritten–and he was unnerved to the point of desperation. A recovering alcoholic and a fragile spirit, Carver wrote that he was “confused, tired, paranoid, and afraid.” He feared exposure before his friends, who had read many of the stories in their earlier versions. If the book went forward, he said, he feared he might never write again; if he stopped it, he feared losing Lish’s love and friendship. And he feared, above all, a return to “those dark days,” not long before, when he was broken, defeated. “I’ll tell you the truth, my very sanity is on the line here,” he wrote to Lish.

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Más que hiperrealismo

diciembre 19, 2007

Las piezas que forman la colección Naturalezas Digitales (Proyecto de escultura digital), obra de Iñigo Bilbao, sobrecogen al primer golpe de vista. Una cabeza de cerdo cuya plácida expresión hace pensar más en el sueño que en la muerte; y junto a ella, un cráneo del mismo animal; una pelvis de flamenco pasmosa por su elegancia (como si las líneas exteriores del ave consistieran en una proyección de lo que se alberga en su interior)… Un total de seis esculturas hiperrealistas, modeladas en resina fotosensible blanca y que pueden admirarse en la Sala Cultural Cajastur Monte dePiedad de Gijón.

Sus domesticus, 2006

Una vez superada la impresión inicial, conocer el proceso mediante el que las piezas han sido elaboradas hace aumentar, aún más, el interés de las mismas. La intención del autor al acometer el presente proyecto fue la de investigar las capacidades artísticas de las nuevas herramientas de prototipado, o modelado digital; lo que de una forma accesible se puede denominar “impresoras en tres dimensiones”. El uso de tales herramientas se ha visto limitado hasta el día de hoy a los campos de la ingeniería y la medicina, concretándose su aplicación artística en un puñado de experimentos tan limitados como interesantes. Tratando de huir de los tecnicismos, la utilidad fundamental de los equipos de prototipado es la de traducir al mundo físico un modelo que hasta entonces residía en un entorno virtual, rompiendo así la barrera entre ambos medios.

Cada una de las piezas de Naturalezas Digitales fue creada mediante herramientas informáticas. Tomando como referencia modelos físicos y empleando software 3D, el autor tejió en su ordenador mallas digitales que los reproducían. A continuación, tales mallas fueron tratadas con diferentes tipos de software con el fin multiplicar sus divisiones y, de ese modo, su grado de detalle. Una vez concluido el procesado de la malla (reproducción virtual del modelo físico) llega la hora de que salte al entorno tridimensional, donde podrá entrar en contacto (literalmente) con el espectador. De ello se encarga un equipo de prototipado que procede a la solidificación, capa por capa, de una resina fotosensible mediante un haz de láser de frecuencia y potencia específicas.

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Bos taurus, 2006 

Al margen de su peculiar modo de creación, gran parte del atractivo de las piezas radica en su estilo cien por cien naturalista, radicalmente opuesto a las geometrías abstractas en las que “lo digital” nos hace pensar. Las esculturas de Naturalezas Digitales, tiene su fuente de inspiración en los bodegones clásicos, o naturalezas muertas. Tal decisión tiene como objetivo la comparación, de igual a igual y sin artificios, de la producción digital con formas de creación consolidadas y reconocidas, como son la pintura y la escultura, además de la reivindicación de las capacidades artísticas de las herramientas utilizadas.

Nos enfrentamos, en definitiva, a una forma de creación que no se limita a servirse de las enormes posibilidades de entorno virtual para reproducir, a un nivel hiperrealista, un modelo físico, sino que es capaz a continuación de introducir tal reproducción en nuestro entorno, de hacer real lo hiperreal.

Naturalezas Digitales (Proyecto de escultura digital), Iñigo Bilbao, Sala Cultural Cajastur Monte de Piedad, Gijón, hasta el 19 de enero de 2008

Las mejores portadas de 2007

diciembre 15, 2007

El muy recomendable blog The Book Design Review ha saleccionado las que considera mejores portadas de libros de 2007 (edición estadounidense). Recojo a continuación algunas de las más llamativas.

 Like You’d Understand, Anyway Diseño de Jason Booher

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The Chess Machine Diseño de Gray 318

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Small Crimes In An Age of Abundance Diseño de David Drummond

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The Yiddish Policeman’s Union Diseño de Will Staehle 

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 Brave New World Diseño de Greg Kulick

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Mitomanía

diciembre 11, 2007

A unos tipos duros les preguntan cuál es su canción country preferida y entre ellos se cuela un intruso inesperado. No hacen falta más explicaciones.

E.L. Doctorow (Nueva York, 1931) nos ha regalado algunas de las mejores novelas históricas de las últimas décadas. Ragtime y la reciente La gran marcha, entre otras, le ubican apenas un escalón por debajo, si no al mismo nivel, de maestros del género como Thornton Wilder y Marguerite Yourcenar. Entre las múltiples virtudes desplegadas por Doctorow destacan una envidiable capacidad para despertar el interés del lector; un estilo accesible bajo el que se oculta, sin embargo, un elevado grado de elaboración; un espíritu inquisitivo aplicado a los personajes (ya sean ficticios o históricos) y los periodos de la historia en que se mueven; y una erudición nada jactanciosa. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que con tales aptitudes, además de un excelente autor de novelas, sería también un gran ensayista. Los textos que constituyen Creadores, Ensayos seleccionados 1993-2000 así lo demuestran. Si a ello añadimos que todos los textos versan sobre el proceso de creación literaria, no se puede afirmar menos que nos encontramos ante una colección de clases magistrales.

 

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En las páginas de Creadores hallamos, por ejemplo, reflexiones acerca de La cabaña del tío Tom; Moby Dick; Tom Sawyer; la actitud ante la Guerra Civil española de Malraux y Hemingway, así como el modo en que plasmaron este conflicto en sus novelas; el teatro de Heinrich von Kleist y la obra de Edgar Allan Poe. No es necesario estar familiarizado con las obras y los autores tratados para disfrutar estos ensayos, todos ellos breves (saber hasta dónde se puede llegar antes de comenzar a aburrir es otra virtud del buen comunicador). En cada uno de los casos Doctorow comienza realizando una aproximación biográfica al autor y una sinopsis de sus obras que nos permiten valorar las reflexiones llevadas a cabo a continuación y los interrogantes que arroja sobre la mesa. En cualquiera de las dos situaciones, se conozca o no previamente el tema de los ensayos, el resultado final es el mismo: un deseo inevitable de correr a la biblioteca, hacerse con los libros en cuestión y releerlos o leerlos por vez primera, respectivamente, para poner a prueba lo afirmado y dar respuesta a las preguntas efectuadas.

 

En varias de las piezas figuran pasajes tan reveladores como estimulantes, acerca, por poner tan sólo un par de ejemplos, de las muy diferentes apariencias que adopta el personaje de Tom Sawyer dependiendo de que sea visto por un lector infantil o uno adulto; o de si Herman Melville hubiera concluido Moby Dick tal como hoy conocemos de no estar obligado por la voz narrativa de Ismael (Doctorow sugiere que Melville hubiera preferido acabar con la tripulación del Pequod al completo, sin dejar ningún superviviente). De todos los del libro, quizá sea el ensayo dedicado a Melville el más intuitivo y logrado, y uno en los que más patente queda la admiración de Doctorow por la obra tratada. El ejercicio que realiza al reconstruir el modo en que Melville partió de un inicio acorde a las novelas convencionales (punto de vista focalizado en un único personaje cuyas acciones se muestran en orden cronológico) para luego ir derivando hacia el caleidoscopio de puntos de vista, géneros literarios e interpretaciones que es Moby Dick, representa una impagable lección de intuición y literatura.

 

Por supuesto, no hay que estar de acuerdo con todo lo que Doctorow nos dice. Muchos podrán poner serias objeciones cuando afirma que los relatos más memorables de Poe son también los más cargados de defectos o que el estilo de Kafka revela sus limitaciones a medida que aumenta la extensión de los textos. No importa. El tono moderado y reflexivo, y el estilo libre de academicismos, convierten la lectura de los ensayos en grata y enriquecedora en cualquiera de los casos. Desde los autores sobre los que Doctorow profesa un agrado más evidente, como Melville y Dos Passos, hasta los que observa con mayor ánimo crítico, como Harriet Beecher Stowe y W.G Sebald, a todos los trata con respeto y admiración. No podría ser menos en un libro que se presenta desde su introducción, firmada por el propio Doctorow, como una celebración del acto creativo.

 

E.L. Doctorow. Creadores, Ensayos escogidos 1993-2000. Roca Editorial. Barcelona. 2007

 

Confesaré una afición poco habitual. Una de mis formas (un tanto freak) de matar el tiempo es introducir los nombres de mis escritores preferidos en Youtube. Como os podréis imaginar, no son muchos los videos de temática literaria disponibles, pero a pesar de ello se puede dar con algunos muy interesantes.

Como consecuencia de tal afición, tiene hoy inicio una nueva sección en este blog. Bajo la denominación de Videos recogeré los resultados más curiosos de mis búsquedas.

Para inaugurar la sección he escogido a Michael Chabon, autor de novelas como Chicos prodigiosos y La asombrosas aventuras de Kavalier & Clay, obra por la que obtuvo el premio Pulitzer en el año 2001. En el video le vemos en una rueda de prensa con motivo de la presentación de su novela The Yiddish Policemen’s Union (todavía inédita en castellano). Durante el transcurso de la misma, uno de los asistentes se aparta del tema central de la reunión y pregunta a Chabon sobre las películas de Spiderman. Según él, Spiderman 2, en cuyo guión participó Chabon (si bien sólo en la etapa inicial), se trata de una buena película, mientras que Spiderman 3, con la que no tuvo nada que ver, es mucho peor, y pregunta si existe alguna conexión entre los hechos. Al principio el novelista parece reacio a contestar, pero luego se lanza a una respuesta en la que culpa a la productora de saturar la película de personajes disfrazados para así vender más merchandising.

Tengo que reconocer que, como aficionado a los cómics, oír a un ganador del Pulitzer hablar sobre Spiderman y el Doctor Octopus me hace salivar.