Sobre “¿No te alegras por mí?”, de Richard Bausch. Parte 1 (de 2)

enero 5, 2008

Los aficionados al género del relato, y en particular del relato norteamericano, estamos de enhorabuena con la publicación de ¿No te alegras por mí? de Richard Bausch (Fort Benning, Georgia, 1945). A fin de ubicar a este autor para aquellos lectores a quienes les sea desconocido, se puede decir de él que pertenece al grupo de narradores estadounidenses del que Raymond Carver, Richard Ford y Tobias Wolff son sus integrantes más célebres. Es ésta una clasificación que peca de simplismo (al estilo de las que figuran en las solapas de los libros), pues cada uno de estos autores posee un estilo propio, pero bastará para que el lector piense en una literatura de corte realista, con una prosa transparente y diálogos ágiles, centrada en las clases media-baja de los Estados Unidos (en este caso más bien media) y con las áreas residenciales y la problemática de pareja como decorado y tema principales. E insisto en lo de la clasificación simplista. Tanto la obra de Bausch como la de los demás escritores mencionados va mucho más allá de ese conjunto de rasgos compartidos.

Richard Bausch

La editorial Tropismos ha publicado con anterioridad otras dos colecciones de relatos de Bausch: Alguien que me cuide (2004) y La mujer del bombero (2006), dos libros que, tengo la impresión, no gozaron en nuestro país del reconocimiento que se merecen. Por este motivo y porque Richard Bausch no es tan familiar entre nosotros como lo son, por ejemplo, Carver o Ford, me permitiré hacer, a modo de introducción, una breve remembranza de estas dos colecciones.

Alguien que me cuide es puro Bausch. Aquí pueden hallarse todos los temas distintivos del autor, como la preocupación de los padres por el progreso de sus hijos; los esfuerzos realizados, a menudo en vano, por enmendar los errores del pasado; y la lucha por mejorar la opinión que los demás tienen de nosotros, incluso más denodada que la lucha por mejorar la situación de uno mismo. Varios de los relatos recogidos en esta colección resultan memorables. Por mencionar sólo un par de ellos, en el que abre el libro, “No tan definitivo”, su protagonista, un hombre de mediana edad, tiene que ayudar a su hija veinteañera, recién casada y embarazada, en una mudanza. Hasta aquí, nada anormal. Salvo que el marido de la chica, y padre de la futura criatura, tiene más de sesenta años. Tal diferencia de edad provoca sentimientos encontrados en el padre, quien se debate entre manifestar a su hija sus dudas acerca del futuro de la relación o bien guardar silencio y tratar de compartir la alegría de la chica. Tiene tiempo para pensar en ello mientras se desloma cargado muebles, al mismo tiempo que su yerno, casi veinte años mayor que él, descansa al sol en una silla de jardín poniendo como excusa un problema de espalda. Por otro lado, en “Ricos” un empleado en una planta de producción de Cola-Cola resulta agraciado con un premio multimillonario en la lotería y lucha por que el dinero no cambie su vida, lo cual no resulta sencillo dadas las repentinas y feroces exigencias de los miembros de su familia.

Es Alguien que me cuide un libro compacto y uniforme en cuanto a estilo y temática. Un estilo impecable y una temática interesante. Sin embargo, es quizás esa uniformidad el principal handicap de los muy pocos que se pueden achacar a la colección. Sobre este tema volveré más adelante.

La mujer del bombero fue traducido al castellano un par de años después que Alguien que me cuide, si bien en su edición original se trató de un libro anterior. Los relatos que contiene no son tan redondos como los de aquél, pero por el contrario resultan más variados. Figura entre ellos uno escrito en estilo epistolar, un díptico de historias en el que vemos cómo el mismo personaje se desenvuelve en dos contextos diferentes, y un relato enmarcado en el género del western. Éste último, “El viejo oeste”, es sin duda el más estimulante de cuantos componen el libro. Bausch se atreve a retomar los personajes de la mítica película Raíces profundas (Shane, 1953) y mostrarlos varios años después de los hechos acaecidos en ésta. Los encontramos así envejecidos, cansados y traicionando la imagen y valores que encarnaban en la inolvidable película dirigida por George Stevens. La lectura de este relato resulta, a pesar de sus dosis de tristeza y cruda desmitificación, un soplo de aire fresco entre las penurias suburbanas que llenan las restantes historias del libro. Y retomo aquí el tema antes iniciado.

La reiteración en los elementos temáticos presentes en las narraciones breves de Carver-Ford-Wolff-Bausch…, la insistencia en un determinado tipo de personajes y situaciones, el limitado desarrollo de las tramas y personajes que permite el género del relato, y la circunscripción a unos límites estilísticos que no permiten los ejercicios ni las salidas de tono, hacen que la lectura continuada de los relatos de tales autores llegue a resultar fatigosa. Se trata de maravillosas piezas breves, pero que se degustan mejor en pequeñas dosis. Y me atrevo a decir que su escritura también ha terminando por ser fatigosa para los propios autores. Hoy Richard Ford es más conocido por sus novelas que por sus relatos, Tobias Wolff ha cultivado con maestría el género autobiográfico y el mismo Richard Bausch cuenta en su haber con buen número de novelas. Ninguno ha abandonado por completo el género del relato, pero todos han buscado parajes más amplios y ventilados donde continuar trabajando. Se puede suponer (sin arriesgarse demasiado) que si Carver no hubiera fallecido prematuramente también habría dado el salto a la novela. De hecho, entre sus notas y textos inéditos e inconclusos (que ahora su viuda Tess Gallagher se dedica a expoliar) se descubrieron fragmentos de lo que parece ser una novela con el título provisional de The Augustine Notebooks. Los derroteros que ha tomado la narrativa estadounidense en las dos últimas décadas, adentrándose en formas de narrar más libres en cuanto a estilo y temática, abrazando el mestizaje de ficción y ensayo, la recuperación de géneros populares como la ciencia ficción y el terror, las influencias pop y los juegos metaliterarios, entre otros rasgos, confirma un cierto agotamiento del “realismo suburbano”.

carver-ford.jpg

Me temo que después de lo dicho se hace necesario repetir que los relatos de Richard Bausch, y en concreto los de ¿No te alegras por mí? (libro sobre el que versa esta reseña, aunque no lo parezca), son excepcionales. Pero para apreciarlos en su adecuada medida hay que tener en cuenta esta advertencia previa: es mejor saborearlos de uno en uno, o de dos en dos, o de tres en tres, como mucho. No más. Una lectura precipitada, pasar de uno a otro sin detenerse a apreciarlos, puede ocasionar que se mezclen los sabores y decaiga su disfrute. Y esto sería una lástima, porque en todos los relatos puede reconocerse una notable labor narrativa. Sin embargo, cuando más disfruta y se deja llevar el lector es, precisamente, cuando el autor se despereza y sale del tiesto, cuando le da algo más que lo habitual.

Richard Bausch. ¿No te alegras por mí? Tropismos. Salamanca. 2007

Una respuesta to “Sobre “¿No te alegras por mí?”, de Richard Bausch. Parte 1 (de 2)”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: