Sobre “¿No te alegras por mí?”, de Richard Bausch. Parte 2 (de 2)

enero 14, 2008

En la solapa de ¿No te alegras por mí? se nos informa de que, tras Alguien que me cuide y La mujer del bombero, con este libro la editorial Tropismos completa la edición en castellano de la narrativa breve de Richard Bausch. Sin embargo, al lector que se moleste en comprobar la bibliografía del autor no le saldrán las cuentas. El motivo es que ¿No te alegras por mí? no es la traducción de ninguna colección de relatos publicada como tal. Su punto de partida es The Stories of Richard Bausch, obra recopilatoria aparecida en 2004 y ganadora del premio Pen/Malamud. La operación realizada por Tropismos ha consistido en la traducción de este libro previa eliminación de los relatos aparecidos en Alguien que me cuide y La mujer del bombero; luego su afirmación de que completan la publicación de los relatos de Bausch es cierta.

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Este proceso de poda ha traído consigo algunas consecuencias indeseadas, si bien no afectan sustancialmente a la calidad del conjunto. A Bausch le gusta reencontrase con sus personajes, presentarlos en un relato y volver a mostrárnoslos en otro, mediando un plazo de tiempo narrativo. La eliminación de piezas del libro original ha roto alguno de estos dípticos, por lo que, a no ser que la lectura de las dos colecciones traducidas previamente esté todavía fresca, lo más probable es que la relación entre las historias acabe pasada por alto. En el relato que da título al libro, por ejemplo, nos encontramos de nuevo con la singular familia protagonista de “No tan definitivo”, texto aparecido en Alguien que me cuide. En este caso viajamos al pasado y somos testigos del momento en el que la hija comunica al padre su relación con un hombre de más sesenta años, de quien, además, está embarazada.

A pesar de la merma en el número de relatos respecto a la edición original ¿No te alegras por mí? se trata de un libro con una extensión inusual para una colección de relatos: veinte piezas breves que se extienden a lo largo de más de cuatrocientas páginas. Tal abundancia de (estupendas) historias facilita caer en el error mencionado en la primera parte de esta reseña: darse un atracón de lectura, lo que contribuiría a desvirtuarlas. Retomando también otro tema tratado en la primera parte, los relatos que tras la lectura del libro permanecen de forma más vívida en la memoria no son necesariamente los mejores, sino los que más se diferencian temáticamente del grueso de la obra de Bausch. A este respecto se pueden citar “Tandolfo el Grande”, relato con final blando pero que atrapa de inmediato con su narración de un mal día para un mago dedicado a animar fiestas infantiles; y también “El peso”, narración con ecos de Matar un ruiseñor en la que un anciano habla sobre el día en el que, siendo él un niño, fueron ahorcados en su pueblo un negro y un elefante.

Puede que a algunos lectores les desconcierte la forma de narrar que Bausch emplea en algunas ocasiones. Cuando la narración se aproxima a su final, concluye de manera abrupta privándonos del clímax y el desenlace hacia el que parecía apuntar. Es lo que sucede en “El hombre que conocía a Belle Starr”, historia de un hombre que, cuando está a punto de dar un giro a su vida para comenzar de nuevo, recoge a una autostopista psicópata que se cree una pistolera del salvaje Oeste. La razón de tal estrategia narrativa por parte de Bausch es que, en realidad, antes de llegar al punto y final del texto ya nos ha narrado su clímax y desenlace, y lo ha hecho sin que nos diésemos cuenta de ello. Lo expuesto en el relato, en su tiempo presente, constituye en sí mismo la conclusión de una historia que se nos narra entre líneas o a base de escuetas informaciones. Lo abrupto de los finales provoca una tensión que obliga a volver sobre lo leído y excarvar entre lo que sólo creíamos que eran datos contextuales.

No me resisto a concluir esta reseña sin antes mencionar el que es mi relato preferido del libro: “Todo un mundo”, un magnífico ejemplo de pequeña-gran historia. Su protagonista es un anciano obligado por las circunstancias a cuidar de su nieta, que no es más que una niña. En el colegio de ésta se va a celebrar un festival para padres y alumnos en el que los niños realizarán una exhibición de gimnasia. A la clase de la niña le ha correspondido la prueba de salto de potro. El problema reside en que la niña sufre de sobrepeso y es la única entre sus compañeros incapaz de saltar el dichoso potro. A fin de conseguirlo, durante los días previos al festival se autoimpone un riguroso programa de entrenamiento, acompañado de una dieta igualmente estricta. El abuelo poco diestro todavía en el cuidado de la niña, duda entre alabar su tesón darle ánimos o bien declararle lo absurdo que le parece todo el asunto, no merecedor de tanta preocupación y esfuerzo. El conflicto planteado es tan sencillo como emotivo y los personajes, familiares. Cualquiera, en cualquier lugar, puede sentirse identificado, comprender al abuelo, comprender a la nieta. La historia es cotidiana pero se te queda clavada, conmueve en lo más hondo. Al final del relato deseamos estar junto a ese abuelo el día del festival y pasarle un brazo sobre los hombros en un intento por darle ánimos. Cuando algo así sucede es porque estamos ante gran literatura.

Richard Bausch. ¿No te alegras por mí? Tropismos. Salamanca. 2007

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