“Crash” cumple 35 años

enero 31, 2008

Este año se celebra el treinta y cinco aniversario de la publicación de Crash, de J.G. Ballard (Shanghai, 1930). Después de este tiempo ya está dicho casi todo lo que se puede decir sobre una novela que despierta opiniones tan encendidas como polarizadas. Para unos: obra de culto, iniciadora de un género que puede denominarse “pornografía tecnológica” y que comienza y concluye con ella misma; para otros: texto inmoral, exaltador de la autodestrucción y el sexo como evasión de la realidad.

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Para quienes desconozcan la novela, Crash versa sobre un grupo de personajes para quienes el estallido de violencia de un accidente de tráfico es asimilable al goce del sexo; las heridas y cicatrices fruto de las colisiones adquieren para ellos el carácter de nuevas zonas erógenas. Al volante de sus vehículos recorren las autopistas que rodean la ciudad de Londres buscando satisfacer su ansia. Su líder, Vaughan, conduce un Lincoln descapotable similar a aquél en el que encontró la muerte el presidente Kennedy, organiza espectáculos donde reproduce el final del actor James Dean y sueña con morir al estrellar su vehículo contra el de Elizabeth Taylor. En Crash hay sexo desprovisto de todo sentimiento, mitificación de la tecnología y la cultura pop, asientos de automóvil impregnados de fluidos corporales, una relación homosexual entre Vaughan y el protagonista de la novela (alter ego del escritor, con quien comparte nombre), violencia, hierros retorcidos e hincados en la carne… No resulta extraño que la novela tuviera que enfrentarse a duras críticas en el momento de su publicación. La reseña aparecida en The Times el 28 de junio de 1973 difícilmente podría ser más escueta y explícita: Ballard posee una brillante reputación pero la obsesión de esta novela con el sadomasoquismo vía accidentes de tráfico deliberados es repelente. El hecho de que escriba bien lo hace más horripilante. Y éste es sólo un ejemplo de las reacciones que despertó.

Nos gustaría pensar que, simplemente, Crash se adelantó a su tiempo y que el paso de los años haría que las opiniones se atemperasen. Pero no sucedió así. Cuando más de dos décadas después, en 1996, el director canadiense David Cronenberg estrenó en el festival de Cannes la adaptación cinematográfica de la novela, tuvo que soportar ataques igualmente feroces. En Inglaterra la película tardó más de un año en estrenarse y su distribución fue muy limitada. En Estados Unidos obtuvo la clasificación “R” (restricted), lo que equivale a condenar a una película al fracaso económico. Y todo ello a pesar de que en la adaptación de Cronenberg la exploración de la nueva sexualidad planteada por Ballard se muestra muy descafeinada en comparación con las páginas de la novela. ¿Por qué reacciones tan virulentas? Todos los personajes que aparecen en la novela son adultos y dueños de sus actos. En los años setenta el sexo y la violencia campaban a sus anchas por las novelas y las pantallas de cine. Los personajes no buscan herir a nadie (con la excepción del gurú Vaughan, quien difícilmente puede ser tomado en serio). ¿Qué resortes de nuestra psique accionó Ballard?

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Una de las claves del género de terror es descubrirnos el lado oscuro y peligroso de algo que hasta entonces nos resultaba por completo cotidiano y creíamos inofensivo. ¿Pero qué sucede si tras experimentar tal revelación descubrimos que ese lado oscuro nos gusta? Y cuando digo “gustar” me refiero a algo que trasciende el estremecimiento experimentado durante el breve intervalo de lectura de un libro o visionado de una película. Me refiero a que nos damos cuenta de que eso ya nos gustaba antes, salvo que no lo sabíamos.

En su libro de memorias Miracles of Life: From Shanghai to Shepperton (2008) Ballard narra un ejemplo explícito de la conexión entre el sexo y los coches. En 1970 el New Arts Laboratory de Londres le ofreció la posibilidad de organizar una exposición. Ballard, siempre fascinado por los aspectos más emocionales de la tecnología, decidió ofrecer una muestra de coches accidentados. Recorrió los desguaces de las afueras de Londres escogiendo los vehículos idóneos. Seleccionó tres, que fueron remolcados al Arts Lab. Para la inauguración se organizó la fiesta de rigor. Ballard contactó con una periodista que se encargaría de interrogar a los asistentes sobre sus impresiones. Inicialmente, se acordó con ella que estuviera desnuda, si bien al final sólo aceptó aparecer en topless. Un circuito cerrado de cámaras y televisiones permitía que los asistentes se vieran a sí mismos mientras eran entrevistados por la chica semidesnuda, con los acoches destrozados como fondo. Ballard recuerda en su libro que nunca vio a un grupo de gente emborracharse tan rápido. El efecto de los coches fue instantáneo. Estallaron peleas, las botellas volaron por los aires y la periodista casi resultó violada en el asiento trasero de uno de los vehículos. La exposición permaneció abierta un mes, periodo durante el que los coches sufrieron numerosas agresiones. Si Ballard tenía dudas sobre la historia a narrar en Crash, éstas se esfumaron tras lo sucedido en el Arts Lab.

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Y ahora se cumplen los 35 años de la publicación. Ballard saca al mercado un nuevo libro de memorias y la editorial Harper Collins ha anunciado una edición limitada de Crash y convocado un concurso público para diseñar la portada. Sin duda la atención que este revival recibirá en los medios no será comparable a la que obtuvieron la primera edición de la novela o el estreno de la película, pero será interesante comprobar si las reacciones han evolucionado. Lo que no habrá cambiado será el libro, tan aberrantemente bueno como el día de su nacimiento.

Una respuesta to ““Crash” cumple 35 años”

  1. José Ángel Gayol said

    Estupenda reseña, Jon. Te sigo debiendo hablar con quien ya sabes sobre tus reseñas, pero hoy mismo lo hago. J.G. Ballard no es de mis favoritos (conoces mis preferencias por el género de ciencia-ficción) pero tiene bastantes cosas interesantes (“Concrete Island”, “The Drowned world”…). Un saludo

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