Sobre “Persecución mortal”, de Elmore Leonard

marzo 26, 2008

Siempre que abres un libro de Elmore Leonard (Nueva Orleáns, 1925) hay varias cosas que sabes de antemano que vas a encontrar. La primera es entretenimiento de calidad, quizá la primera exigencia de todo lector de novela negra. Otra son unos diálogos contundentes y verosímiles (hoy nadie se creería los malabarismos dialécticos de Raymond Chandler). Otra, un agradable regusto a western. Otra, un hábil manejo de los arquetipos del género, haciendo que nadie resulte ser lo que parece ser. Y otra más, la genialidad (y confianza en sí mismo) de un autor que no necesita docenas de personajes y tramas alambicadas para montar una buena historia.

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En Persecución mortal (Killshot, 1989) un asesino a sueldo de la mafia de Toronto es enviado a Detroit para realizar un trabajo. Una vez despachado, decide tomarse unas pequeñas vacaciones antes de regresar a casa; le apetece visitar a su abuela, que vive por la zona. Pero cuando sale de un restaurante, un tipo duro con pinta de macarra trata de robarle el coche a punta de pistola. Para un profesional como él, esto significa menos que un contratiempo. Sin embargo, decide perdonar la vida al macarra. Éste resulta ser un ex presidiario con experiencia en atracos a bancos y chanchullos varios. En ese momento se trae entre manos una extorsión al dueño de una agencia inmobiliaria. Y no le vendría mal un socio temporal. El asesino acepta la propuesta. Lo toma como una parte más de sus vacaciones.

En la agencia inmobiliaria trabaja Carmen Colson, de mediana edad y todavía de buen ver, casada y con un hijo en la marina. Su marido, Wayne, es ferrallista. Se dedica a montar estructuras metálicas de edificios. Trabaja a diez pisos de altura empernando vigas. Su principal afición es cazar ciervos de cola blanca. Está en forma. No es alguien que se deje intimidar fácilmente. Y da la casualidad de que Wayne se encuentra de visita en la agencia inmobiliaria la mañana en que el asesino canadiense y el macarra se presentan en busca de unos miles de dólares. Sin perder la calma, Wayne va a su furgoneta, coge una de sus herramientas de empernar y les hace frente. Los otros dos, que no esperaban oposición física, acaban machacados y terminan por retirarse. Claro que la historia no concluye aquí. Todo lo contrario. Un asesino de la mafia sabe muy bien que nunca hay que dejar cabos sueltos, y tanto Wayne como Carmen le han visto bien la cara y pueden identificarlo. A partir de este momento el objetivo de los extorsionadores será eliminar al matrimonio Colson.

Cuatro personajes. Dos de ellos quieren acabar con los otros dos. Eso es todo. Y es más que suficiente.

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¿Es ésta una de las mejores novelas de Leonard? Probablemente no. Hay momentos en los que se tiene la impresión de que el autor nos da una de cal y luego otra de arena. La subtrama acerca del agente del Plan de Protección de Testigos asignado a los Colson está introducida con calzador. Se nota que se encuentra ahí para prolongar un poco la trama. Sin embargo el personaje es de los mejores de la novela. El agente resulta ser un chulito aficionado a la musculación que no tiene clara la línea que separa la protección del acoso, en especial en lo que a la señora Colson se refiere. Por otro lado, Leonard quiere sacar partido al tiempo invertido en la documentación y dedica una excesiva atención al proceso de montaje de estructuras metálicas, a los cebos para ciervos y al sistema de esclusas del Mississippi (el matrimonio viaja hasta orillas de este río huyendo de sus perseguidores). Pero al mismo tiempo la narración de cómo el FBI trata a sus testigos protegidos es impagable, y por momentos hilarante.

¿Cuál es la mayor baza de Persecución mortal? Sus personajes. Las tensiones que surgen entre ellos. Pero no entre el matrimonio Colson y sus perseguidores, sino entre Carmen y Wayne por un lado, y entre el asesino y el macarra por el otro. Leonard da media docena de pinceladas a cada uno de ellos y sólo con eso consigue crear mucho más que bocetos. Los cuatro personajes principales tienen carne, huesos, voz e interés propios. Los dos perseguidores se desprecian entre sí, están juntos sólo porque las circunstancias se lo imponen y todo el asunto les fastidia más que mucho. Como no se solucione pronto terminarán a tiros entre ellos. Y la tensión ocasionada por verse perseguidos por delincuentes profesionales hace que los resquemores en la relación de los Colson salgan a relucir. Wayne quiere hacer valer su hombría y tomar las riendas de la situación, anteponiendo sus opiniones a las de los agentes del orden. Pero Carmen tiene una opinión propia acerca de cómo hacer frente al problema.

Lo mejor de todo es que Leonard le da a Carmen la oportunidad de hablar. Y de actuar. El protagonista de Persecuación mortal no es Wayne Colson. Tampoco lo es Carmen. Lo son ambos. El tiene razón unas veces y ella otras. Él hace frente a sus perseguidores en unos momentos y ella en otros. Y tal alternancia hace que las páginas se devoren y que se ansíe saber quién estará presente en el duelo final.

Elmore Leonard. Persecución mortal. Alianza editorial. Madrid. 2007

Una respuesta to “Sobre “Persecución mortal”, de Elmore Leonard”

  1. […] Abril 9, 2008 La obra de Elmore Leonard puede dividirse en dos grandes grupos: sus textos enmarcados en el género del western y los de género negro. Entre los primeros puede destacarse el relato breve 3:10 to Yuma, en el que se basó la película de mismo título protagonizada por Glenn Ford. El segundo grupo es el más conocido entre nosotros por existir unas cuantas traducciones al castellano, como Ciudad salvaje, Pronto o Persecución mortal. […]

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