Sobre “La tempestad”, de Santiago García y Javier Peinado

abril 4, 2008

Las versiones existentes de La tempestad de William Shakespeare son muchas y muy diversas. La que hoy nos ocupa traslada la obra isabelina al género del cómic y al universo de la ciencia ficción. Esto no es algo novedoso; el cómic ha recurrido a menudo a Shakespeare y la célebre película Planeta prohibido (Fred M. Wilcox, 1956), por ejemplo, es también una versión de La tempestad.

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En este caso Próspero, el mago vengativo, ha sido transformado en un científico; la isla donde permanecía oculto de su hermano, en un planeta remoto; el ducado de Milán y el reino de Nápoles, en compañías comerciales; el vino con que se emborrachaban varios de los marineros llegados a la isla, en unas curiosas pompas alucinógenas; Ariel, el espíritu del aire, en un superordenador con semejanzas al HAL9000 de 2001: Una odisea del espacio

Hasta aproximadamente la mitad de la obra, Santiago García, autor del guión de esta nueva versión de La tempestad, se atiene al original shakespeareano, con la salvedad de las traslaciones antes citadas y unas cuantas más. Sin embargo Shakespeare es mucho Shakespeare y la traducción (reducción) de sus versos al escueto espacio de los bocadillos de un cómic puede traer resultados no muy brillantes. Esto es algo que se barrunta cuando los náufragos espaciales comienzan a tejer una trama de conspiraciones entre ellos, en exceso esquemáticas y un tanto precipitadas, que pueden hacer que el lector (en especial el desconocedor de la obra original) alce la ceja ante tan repentina cantidad de información y menciones al pasado de los personajes. Pero no cabe duda de que Santiago García es consciente de esto. Por otro lado, cualquiera que desempeñe una labor creativa con honestidad encuentra poco agrado en versionar una obra anterior limitándose a trasladar la acción a una nueva época y a otro lugar. Ni siquiera cuando el referente es una obra maestra como La tempestad de Shakespeare. Sin duda deseará aportar algo de su propia cosecha, sorprender al lector que se esperaba otra cosa, que esperaba lo mismo de siempre. Todo ello nos lleva a pensar, a medida que se pasan las páginas, que Santiago García nos reserva, de un momento a otro, un golpe de timón. Y éste llega, como he dicho, hacia la mitad de la obra.

La tempestad pertenece al grupo de los romances de Shakespeare, las últimas que escribió (al menos, en solitario). Para entonces al público habían dejado de atraerle las largas y exigentes tragedias al estilo de Hamlet; y las comedias románticas, como Mucho ruido y pocas nueces, iban perdiendo vigencia a medida que el periodo teatral isabelino cedía terreno al jacobeo, más oscuro. Lo que se estilaba en esa época era un tipo de espectáculo intermedio, con elementos tanto de tragedia como de comedia, no demasiado largo y abundante en números musicales y efectos especiales. Los romances comenzaban con un conflicto potente y marcado aire trágico. Sin embargo, en cierto momento de la trama, la obra experimentaba un giro repentino que conducía a un desenlace positivo. Un desenlace que no era tan abiertamente feliz como en las comedias románticas pero que tampoco estaba marcado por el derramamiento de sangre habitual en las tragedias.

Desvelar aquí cuál es la opción tomada por Santiago García a la hora de darnos su versión propia de La tempestad sería acabar con el disfrute y la sorpresa que despierta su lectura. Tan sólo diré que Santiago García rechaza el curso tradicional del romance para inclinarse por el de la tragedia. La sangre corre. Y corre a raudales. Por otro lado, el guionista da un protagonismo creciente a Calibán (aquí rebautizado como Ayu), uno de los personajes más atractivos de la obra de Shakespeare, en la que, por el contrario, se difuminaba hacia el final.

En cuanto a la parte gráfica, el estilo de Javier Peinado es el de línea clara de la escuela francobelga. Recuerda, en especial en los artefactos y los decorados, al trabajo de Edgar P. Jacobs. Y esta observación es un halago. En cualquier caso, se trata de un estilo personal, que presta gran cuidado a la composición de la página y la viñeta (excelente el corte transversal de la nave antes de estrellarse, donde se ve a los diferentes grupos de personajes dirigirse a las chalupas de salvamento).

En definitiva, La tempestad de Santiago García y Javier Peinado es una estimulante versión de un clásico, que demuestra una vez más, por si alguien todavía necesita que se lo recuerden, la capacidad del cómic para hacer frente a todo tipo de historias.

Santiago García y Javier Peinado. La tempestad. Astiberri. Bilbao. 2008

BONUS

Para los que queráis saber más de este cómic, aquí tenéis un avance de animado.

Una respuesta to “Sobre “La tempestad”, de Santiago García y Javier Peinado”

  1. […] Por el camino de Swann, primera parte de En busca del tiempo perdido, de Stéphane Hevet; o la de La tempestad, a cargo de Santiago García y Javier […]

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