Sobre “Sale el espectro”, de Philip Roth

julio 9, 2008

Sea dicho de antemano que lo que sigue no es una reseña sino unas breves reflexiones motivadas por la lectura de la última novela de Philip Roth traducida al español: Sale el espectro.

Sea dicho también de antemano que Sale el espectro es una novela con cuya lectura he disfrutado, que he devorado en un par de días y que no descarto volver a leer.

Advertido esto, debo reconocer que me ha sorprendido un poco la recepción que a nivel crítico ha recibido el libro, con reseñas muy elogiosas y un subtexto que parece decir: “¡Por fin, otro libro de Roth!”, como si nada mejor pudiera suceder; ni Roth publicara prácticamente un libro al año; y Seix Barral y Mondadori no nos bombardearan continuamente con nuevas ediciones de sus primeras obras.

Para quien todavía no esté al tanto de la trama de Sale el espectro, es ésta una más de las novelas protagonizadas por el escritor Nathan Zuckerman, alter ego de Roth. En esta nueva entrega, Zuckerman ha superado los setenta años y vive desde hace más de una década retirado de la vida urbana. Reside en una casa en el campo, a doscientos kilómetros de Nueva York. Allí, vive aislado del mundo, dedicado a leer a los clásicos, escribir y pasear. Esta plácida rutina se ve interrumpida cuando un problema médico lo obliga a volver por unos días a Nueva York. El regreso a la ciudad tiene sobre él un efecto como el de despertar tras un largo sueño y descubrir que el mundo ha cambiado enormemente y que él ha envejecido de repente. Además, su retorno se produce en un momento especialmente efervescente: vísperas de las elecciones presidenciales de 2004, que enfrentaron a Bush y Kerry.

Nueva York actúa como un tonificante para Zuckerman, que decide responder al anuncio de una joven pareja de escritores, Jamie y Billy, quienes desean cambiar durante un año su apartamento en la ciudad por una casa de campo. Por otro lado, Zuckerman comienza a sufrir un sutil acoso por un tal Kliman, que pretende escribir una biografía sobre un escritor de culto llamado Lonoff. Éste y Zuckerman se conocieron cinco décadas atrás y Kliman desea saberlo todo al respecto; además, asegura conocer un oscuro secreto sobre Lonoff, que contribuirá al éxito comercial de la biografía, y poseer parte de la única novela que Lonoff, autor de relatos, escribió en su vida y que se encuentra inédita.

Éste es, a grandes rasgos, el planteamiento de la novela: sobrio, sugerente y plagado de fuentes de narratividad.

Ahora bien…

Uno se siente tentado a pensar que a estas alturas Roth escribe sus libros con los ojos cerrados; respaldado por el enorme oficio adquirido durante años, pero sin aportar gran cosa a lo dicho en el pasado.

En una de sus últimas entrevistas, Norman Mailer lamentaba la escasez de novelistas que conjugan el talento con la ambición de emprender nuevos retos, que no se limitan a repetir una y otra vez la misma obra con mínimas variaciones. Entre los que consideraba ambiciosos citaba a Martin Amis, Thomas Pynchon, Cormac McCarthy e, implícitamente, a él mismo. En cuanto a los no ambiciosos, se reservaba los nombres, pero estoy convencido de que en esa lista no incluiría a Roth; o al menos al Roth de los últimos años.

Suscribo lo dicho por Mailer y añado que me encantaría ver el enorme talento de Roth aplicado a otros temas que no fueran los diques que la religión judía pone a la sexualidad; la forma explosiva en que ésta se manifiesta cuando tales diques se resquebrajan; y la fascinación que los hombres maduros, judíos y terriblemente cultos sienten por las chicas jóvenes, inteligentes y de grandes pechos.

Por supuesto, ésta es una declaración personal, que no haría si los temas recurrentes en Roth fueran más de mi agrado. (Algunos de mis escritores preferidos, como Cheever, Faulkner o McCarthy, también podrían ser calificados de repetitivos.)

Pero tampoco haría tal declaración si Sale el espectro me hubiera dejado una impresión más satisfactoria.

A la hora de hablar de esta novela se tiene la tentación de proponer las cajas chinas como símil de su estructura. Y es cierto que Roth no deja de abrir cajas a lo largo de la historia y que las historias se acumulan unas dentro de otras. El problema es que al final no se cierran ni las cajas ni las historias. Roth abre un buen número de frentes narrativos, todos ellos interesantes: el intercambio de casas con la pareja de escritores; la atracción que siente Zuckerman hacia Jamie; la biografía de Lonoff; los anónimos amenazadores recibidos por Zuckerman y que fueron el motivo por el que abandonó Nueva York años atrás… Se plantean también temas tan sugerentes como la responsabilidad moral de un biógrafo, el error de interpretar como biográficos los hechos narrados en una novela y la dificultad que representa para un escritor de relatos enfrentarse a su primera novela (obligado a añadir en lugar de a eliminar); temas sobre los que uno desearía conocer la opinión de un escritor con la experiencia de Zuckerman/Roth. Todo esto se nos escamotea; tanto la conclusión de las subtramas como las reflexiones de índole literaria.

Otra cosa que me ha dejado perplejo al leer las reseñas de Sale el espectro es que ésta haya sido calificada como “la gran novela de la era Bush”; es decir: crítica con la era Bush. En un momento de la novela, Zuckerman es invitado por Jamie y Billy a su casa para seguir juntos el recuento de votos de las elecciones presidenciales. A medida que los resultados se decantan hacia Bush, el ambiente se calienta y la joven pareja se ofende, entristece y enfurece, todo al mismo tiempo. Este sería un buen momento para que Zuckerman, que, no lo olvidemos, ha estado ausente de la vida social y política durante largo tiempo, manifieste su opinión sobre lo sucedido. Pero no lo hace. Está demasiado ocupado admirando a Jamie, describiendo su vestuario, gestos y el modo como ha transformado en sofisticado su acento tejano. A no ser que algo se me haya escapado, las elecciones no son más que un acontecimiento que singulariza los días que el protagonista pasa en la ciudad. Un decorado.

¿Por qué Roth lo ha hecho así? No quiero pensar que Sale el espectro es un rejunte de ideas, de esas notas para posibles historias que los escritores acumulan en sus cuadernos, combinadas con algunos temas recurrentes y amalgamadas con el buen oficio de Roth. ¿Por qué entonces no cierra ninguna de las historias planteadas? ¿Quiere decirnos que en un mundo donde un aspirante a biógrafo está dispuesto a arrojar al barro la reputación de alguien a quien supuestamente admira a cambio de obtener el éxito comercial, en un mundo donde Bush sale ganador por segunda vez, lo mejor que puede hacer alguien inteligente es dar la espalda al mundo y entregarse al aislamiento?

Espero que no.

¿Quiere decir entonces que debemos tener cuidado si decidimos aislarnos del mundo porque el día que decidamos regresar nos habremos convertido en espectros que sólo serán capaces de presenciar los acontecimientos pero no de intervenir en ellos? ¿Quiere decir que el efecto del aislamiento es mayor si se combina con la vejez?

Prefiero decantarme por estas interpretaciones, duras, tristes y descorazonadoras, como el final de Sale el espectro.

Philip Roth. Sale el espectro. Mondadori. Barcelona. 2008

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