Sobre “Mar de delirio”, de Robert Haasnoot

septiembre 14, 2008

Hay novelas que después de leer la sinopsis de la contraportada y algunos fragmentos salteados te hacen pensar: “Por favor, que esté bien, que no me decepcione”. Mar de delirio, de Robert Haasnoot, es una de ellas. Y no decepciona.

Mar de delirio se desarrolla en 1915 y narra los acontecimientos que tienen lugar a bordo del Noordster una embarcación dedicada a la pesca del arenque que parte a faenar del pequeño puerto holandés de Zeewijk. En la nave viajan patrón y doce tripulantes. Entre éstos se encuentra Arend Falkenier, hombre taciturno, de fuertes creencias religiosas y de quien sus vecinos afirman que ha sido tocado por la mano de Dios.

Durante la travesía, Arend comienza a sufrir visiones y comunica a sus compañeros la inquietante noticia de que el momento del Apocalipsis ha llegado, pero que no deben sentir temor, pues la tripulación del Noordster ha sido escogida por el Señor para disfrutar del paraíso (el símil es sencillo: Jesucristo y los doce apóstoles). A fin de alcanzar tan ansiado premio, los tripulantes obedecen a Arend y ponen rumbo a Jerusalén, lugar desde donde accederán al reino de los cielos. Pero la travesía es larga y, a pesar del fervor religioso que impera a bordo, las palabras de Arend resultan difíciles de aceptar, lo que lleva a que aparezcan voces que, si bien con debilidad, discrepan de su mensaje. Arend reacciona con furor ante los que se apartan de su rebaño y la sangre acaba manchando la cubierta del Noordster.

Para lograr el grado de distanciamiento y veracidad que una historia de estas características requiere, Haasnoot echa mano del clásico recurso del cronista dentro de la narración, encargado de trasmitirnos unos hechos supuestamente verídicos; en este caso un periodista que, años después de la tragedia del Noordster, entrevista a varios de los supervivientes en un intento por aclarar lo sucedido a bordo. Tal recurso permite además al autor adoptar un punto de vista frío y un estilo contenido, propios de un informe oficial, y no dejarse llevar por lo cruento de algunos de los episodios, por los que se pasa con rapidez sin que ello aminore la atroz impresión que dejan (uno de los aciertos del libro). Pero tal estilo desapasionado se quiebra en ciertos momentos en que se aborda la fe de Arend, su origen y alcance, porque éstos alcanzan tal profundidad que llegan a contagiar incluso al frío narrador. Y éste es otro de los aciertos de Mar de delirio. Obviamente, las palabras de Arend resultan ser equivocadas, pero nunca llega a desvelarse si también es falso su origen, o si lo son las señales que da Arend de ser alguien provisto de dones especiales, capaz de realizar lo que podrían llamarse pequeños milagros. Haasnoot opta por una narración breve (menos de doscientas páginas que se hacen muy cortas) y contenida (quizá porque sabe que un mayor detenimiento podría acabar desmontando la historia), en la que priman los interrogantes sobre las respuestas.

Robert Haasnoot. Mar de delirio. Lengua de Trapo. Madrid. 2008

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