David Foster Wallace

septiembre 15, 2008

Cuando alguien tiene la escritura literaria como afición o profesión, muy de cuando en cuando se topa con un libro que no sólo le gusta enormemente (lo cual ya es de por sí poco habitual) sino que además representa un ensanchamiento de sus horizontes como escritor. Ese libro le enseña que existen formas de hacer las cosas que él desconocía, ni siquiera sospechaba, hasta entonces. Esto no quiere decir que esa persona se vaya a zambullir en el nuevo territorio y tratar de imitar lo que acaba de descubrir, bien sea por incapacidad o bien porque el estilo del libro no resulta afín al suyo, pero no por ello el descubrimiento deja de ser emocionante y muy estimulante. Si además el autor de ese libro es alguien a quien sientes cercano por edad, gustos, influencias… el efecto es incluso más poderoso.

Para mí, La niña del pelo raro, de David Foster Wallace, fue uno de esos escasísimos libros. En esta sorprendente colección de relatos descubrí a un autor que compaginaba el experimentalismo y la más rigurosa contención, dotado de un uso del lenguaje desbocado y preciso a la vez, que nos hacía ver las cosas de una forma distinta a como las habíamos visto hasta ese instante (quizás el mayor logro al que puede aspirar un escritor), que excitaba y divertía y emocionaba e invitaba a la reflexión, un autor que desmenuzaba la realidad moderna con la minuciosidad del entomólogo y el entusiasmo de un niño ante un juguete nuevo. Tales impresiones se vieron corroboradas, en mayor o menor medida, con el resto de la obra de David Foster Wallace, con sus otras colecciones de relatos: Entrevistas breves con hombres repulsivos y Extinción, con la mastodóntica novela La broma infinita, y con sus impagables recopilaciones de artículos y ensayos: Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer y Hablemos de langostas. La lectura de estos libros me convenció de que David Foster Wallace era uno de los mejores escritores que existían. E insisto: uno de los mejores. No uno de los mejores de su generación, ni uno de los mejores de Estados Unidos, ni uno de los mejores entre los modernos, con lo que algunos parecían querer límites a su valía. David Foster Wallace era muy grande. Y además era joven; podíamos esperar de él muchos y estupendos libros.

Pero esos libros no llegarán. Y David Foster Wallace no estará con nosotros.

Una grandísima pena.

3 comentarios to “David Foster Wallace”

  1. […] Sentido homenaje a David Foster Wallacejonbilbao.wordpress.com/2008/09/15/david-foster-wallace/ por kattalin hace pocos segundos […]

  2. Adriano said

    No lo sabía. Llevo quince minutos atontado. A Foster Wallece no lo he leído, pero sabía qué tipo de literatura hacía y lo tenía pendiente (como a tantos grandes autores metemos en el morral a la espera de su momento). Ahora no puedo aplazarlo más.

    Abrazos.

  3. paloma said

    No hay nada como morirse para que empiecen a hacerle caso a uno.

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