Juan Carlos Márquez ha escrito una reseña de Como una historia de terror para su blog Relataduras.

(…) Otra característica que me ha llamado la atención de los relatos es la condición protagonista del entorno y de los animales, que son tratados con el mismo mimo, o a veces incluso superior, que los personajes de carne y hueso (…)

Gracias, Juan Carlos.

El hueco del viernes ha colgado un video de la presentación en Madrid de Como una historia de terror.

El auténtico terror se sufre cuando uno se ve en la pantalla.

Horrores varios

octubre 29, 2008

Dado lo mucho que estamos hablando últimamente de historias de terror y dada también la proximidad de Todos los Santos, resulta muy apropiado echar un vistazo al ciclo que Golden Age Comic Book Stories viene dedicando al género terrorífico. En él podréis encontrar antologías de portadas de “The Haunt of Fear”, “The Vault of Horror” y “Tales from the Crypt” (series de la mítica editorial EC), escaneados de números de “Web of Horror” y muchas cosas más.

Pepe Cervera ha escrito en su blog, El tacto de un billete falso, una reseña de Como una historia de terror. Pero os aviso de que incluye importantes spoilers de dos de los relatos, así que es mejor que reservéis la reseña para después de haber leído el libro.

Gracias, Pepe.

El hueco del viernes ha colgado el arranque del relato que da título a Como una historia de terror. Espero que os guste.

Gracias, David.

Tengo el enorme gusto de anunciaros la aparición de mi nueva coleccion de relatos: Como una historia de terror, publicada por la editorial Salto de Página.

SINOPSIS:

Una pareja abandona la ciudad para rehacer su vida en una casa construida a espaldas de un viejo bosque. Apenas instalados en ella, la mujer es asaltada en un sueño por la imagen de una invasión de ardillas. Intentan tomar la casa. En el sueño, Bambú, el perro de la pareja, las enfrenta y se pierde tras ellas en la espesura. Al día siguiente Bambú ha desaparecido. Desde ese momento, en las pesadillas de la mujer los roedores seguirán acechando la casa con creciente violencia en cada ocasión, como una horda de inquietantes emisarios del bosque.

Así comienza Como una historia de terror, el relato que da título al último libro de Jon Bilbao. Una colección de cuentos en los que los personajes, en permanente huida, tratan de zafarse de unos monstruos que tal vez sean ellos mismos. Con una prosa transparente y precisa y un impecable pulso narrativo, Jon Bilbao nos asoma a las amenazas que a menudo esconde lo cotidiano.

CALENDARIO DE PRESENTACIONES:

Madrid. Miércoles 22 de octubre:

A las 12.00 horas, presentación a la prensa en la delegación del Principado de Asturias en Madrid (Santa Cruz de Marcenado, 2). Asistirán el autor y el escritor y crítico literario Juan Jacinto Muñoz Rengel.

A las 20.00 horas, presentación al público en la librería Tres Rosas Amarillas (c/San Vicente Ferrer 34). Asistirán el autor y el escritor y crítico literario Juan Jacinto Muñoz Rengel.

Oviedo. Jueves 6 de noviembre:

A las 19.00 horas presentación en la librería Bertrand (Arturo Álvarez Buylla, 5). Asistirán el autor y el escritor y crítico literario José Ángel Gayol.

Espero que disfrutéis mucho con el libro y podáis acercaros a alguna de las presentaciones.

Después de un poco de retraso, por fin ha aparecido el sexto número de la revista Paralelo Sur, que al igual que el anterior está dedicado a la nueva literatura española. En él aparece la siguiente reseña de El hermano de las moscas, firmada por José Ángel Gayol.

Un hombre se convierte en un enjambre de moscas. Durante el periodo de trasformación se queda al cuidado de su hermano y de su cuñada. Tiene una sobrina que le adora. Una asistente muy curiosa y particular. Una refinería de petroleo. Una comunidad de burgueses adinerados, con coches de alta cilindrada, amantes, sueños pasajeros y vidas marcadas por el ascenso social. En este entorno, bajo la sombra de Kafka, Jon Bilbao nos presenta su primera novela, una feliz acontecimiento plagado de logros.

Desde la estilística más depurada, con frases cortas y contundentes, precisas, duras en ocasiones, certeras siempre, diálogos inteligentes y buena dosis descriptiva, Jon Bilbao nos habla de ese mundo subterraneo, que olvidamos a menudo, llamado cotidaniedad. El autor asturiano describe a la perfección el día a día de todos nosotros. El vehículo es una familia acomodada que sufre el terremoto de una extraña enfermedad (¡la metamorfosis de un hombre en un enjambre de moscas!), aunque el tema subyacente de la historia consiste claramente en la narración del tejido relacional entre Grego (el hermano díscolo que vuelve de Tailandia padeciendo una escalofriante mutación) y Héctor (el hombre hecho a sí mismo, términos tan admirados hoy día, que tiene una familia exquisita, un buen trabajo y un respeto y consideración social crecientes).

La bipolaridad entre ambos opuestos crea una fuerza de atracción y oposición entre ellos, y también el resto de miembros de la familia, muy especialmente la mujer de Héctor, que se ve en cierta modo desplazada de esa relación peculiar que tienen los dos hermanos.

Héctor, por su parte, comienza a vencer los miedos que la vida de Grego supone en su esquema mental, porque la historia de El hermano de las moscas es la historia de los miedos de nuestros días. Grego representa las incertidumbres, lo desconocido, la muerte como hecho real, todo aquello que apartamos de nuestras vidas, desterrándolo al olvido, pensando que la táctica del avestruz puede ser válida contra un destino que siempre nos alcanza. Los valores que se inculcan en el mundo occidental, fruto de una aculturación permanente, a través de la familia y de los medios de comunicación, de un estado filosófico que inspira nuestro proceder diario, una ética de la “felicidad por obligación” que lleva a la angustia inevitable cuando no se logran los objetivos que la propia sociedad impone como irrenunciables.

Grego es la abominación, la cara oculta de la Luna, el reverso que nuestra existencia no puede hacer desaparecer, a pesar de las distracciones, los infinitos mecanismos de ocio, las drogas, la absorción de un trabajo demoledor y alienante… La reflexión que encierra la novela de Jon Bilbao no se cifra en la posibilidad de un hombre convertido en enjambre de moscas. Las razones son elementos secundarios. Lo principal, el hielo sumergido de ese iceberg que citaba Hemingway para ejemplificar la función del relato, es la dura, consistente, inevitable certeza de nuestras limitaciones. ¿Cuál es el camino que queremos seguir? ¿Dinero? ¿Respeto social? ¿O simplemente vivir con todas las consecuencias? El protagonista de El hermano de las moscas es la Vida. Con mayúsculas. Y Jon Bilbao la describe con aliento, elegancia, y simpleza no reñida con profundidad.

Prosa limpia, buenas bases narrativas, conocimiento del oficio, y atención inteligente a los detalles. En definitiva, calidad.

Moleskinadas

octubre 9, 2008

Vamos, reconocedlo, os encantan los cuadernos Moleskine. Seguro que alguna vez os habéis comprado uno. Os hicieron picar sus cubiertas negras, con una apariencia tan profesional, y el rollo de que Hemingway también los usaba. Después apuntasteis unas cuantas palabras poco habituales que no encontráis ocasión de usar y algún fragmento de conversación oído en un bar, llenasteis unas pocas páginas… y se acabó.

Hay gente que a los Moleskine les saca mucho más partido: ´SKINE. ART

(Tercera y última parte del ensayo “La naturaleza de la diversión”, de David Foster Wallace.) 

La mejor conclusión que se puede extraer, creo, es que la salida de ese bloqueo es retroceder hacia tu motivación original: la diversión. Y si puedes encontrar el camino de regreso a la diversión, descubrirás que el bloqueo durante el periodo de vanidad resulta haber sido un golpe de buena suerte para ti. Porque la diversión hacia la que luchas por volver ha sido transfigurada por la profunda insatisfacción causada por la vanidad y el miedo, una insatisfacción que ahora estás tan ansioso por evitar que la diversión que redescubres es de un tipo más pleno y acogedor. Tiene algo que ver con el trabajo como forma de juego. O con el descubrimiento de que la diversión disciplinada es algo más que la diversión impulsiva y hedonista. O con comprender que no todas las paradojas tienen que ser paralizantes. La administración de este nuevo tipo de diversión convierte la escritura de ficción en un medio para profundizar en tu interior e iluminar precisamente las cosas que no quieres ver ni que los demás vean, y esas cosas se revelan a la postre (paradójicamente) como aquello que todos los escritores y lectores, en todas partes, comparten y a lo que responden, lo que los conmueve. La escritura se convierte en un modo de conocerse a uno mismo y decir la verdad en lugar de un modo de escapar de ti o de presentarte a ti mismo de una forma lo más grata posible a los demás. El proceso es complicado y confuso y da miedo, y también es un trabajo duro, pero su fruto es la mejor diversión que existe.

El hecho de que ahora puedes cimentar la diversión de la escritura en el enfrentamiento a las partes menos divertidas de ti, y que en un primer momento habías tratado de evitar mediante la escritura, es otra paradoja, pero ésta no es, en absoluto, motivo de bloqueo. Lo que es, es un regalo, algo parecido a un milagro, y comparado con ella la recompensa del afecto de los demás se convierte en polvo, en hebras.

(Continuación del ensayo “La naturaleza de la diversión” de David Foster Wallace.)

Pero a pesar de todo es muy divertido. No me malinterpreten. Al reflexionar sobre la naturaleza de esa diversión, me viene a la mente aquella historia que oí una vez en la escuela dominical cuando yo tenía más o menos la altura de una boca de incendios. Se desarrolla en China o Corea o un sitio de esos. Por lo visto había un viejo granjero que vivía a las afueras de un pueblo emplazado entre colinas. El granjero trabajaba su granja sin más ayuda que la de su único hijo y la de su amado caballo. Un día el caballo, que no sólo era amado sino también crucial para las duras tareas de la granja, abrió la portilla de su corral o de donde fuera que estuviese y huyó a las colinas. Los amigos del viejo granjero acudieron y le dijeron que había tenido mala suerte. El granjero se limitó a encogerse de hombros y dijo: «Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?». Un par de días después el amado caballo regresó de las colinas en compañía de una manada de valiosos caballos salvajes, y todos los amigos del granjero acudieron para felicitarlo por el golpe de suerte en que había concluido la huida del caballo. «Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?», fue todo lo que él respondió, encogiéndose de hombros. Ahora me choca el estilo un poco Yiddish del viejo granjero chino, pero así es como recuerdo la historia. A continuación el granjero y su hijo se pusieron a domar los caballos salvajes, y uno de éstos derribó con tanta  fuerza al hijo que éste se rompió una pierna. Y de nuevo volvieron los amigos para consolar al granjero y maldecir la mala suerte que habían llevado a la granja aquellos caballos salvajes. El viejo granjero tan sólo se encogió de hombros y dijo: «Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?». Unos días después el ejército imperial chino o coreano, o algo así, apareció desfilando en el pueblo y reclutó como carne de cañón para sus filas a todos los varones sanos con edades comprendidas entre los diez y los sesenta años con motivo de algún terrible y sangriento conflicto que al parecer se estaba tramando, pero cuando vieron la pierna rota del hijo, lo dejaron ir con el equivalente a una licencia por invalidez, y en lugar de ser reclutado por la fuerza el hijo se quedó en su hogar junto al viejo granjero. ¿Buena suerte, mala suerte?

Éste es el tipo de historia sinuosa al que te enfrentas cuando tratas el tema de la diversión del escritor. Al principio, cuando intentas escribir ficción por primera vez, el esfuerzo tiene como único fin la diversión. No esperas que nadie más lea lo que haces. Escribes casi con el único motivo de salir de ti mismo. Para dar rienda suelta a tus fantasías y pensamientos retorcidos y para huir de partes de ti mismo que no te gustan, o bien para transformarlas. Y funciona. Y es muy divertido. Entonces, si tienes buena suerte y a la gente parece gustarle lo que haces, y empiezas a recibir dinero a cambio, y llegas a ver tu material profesionalmente impreso y encuadernado y publicitado y reseñado e incluso (una única vez) siendo leído en el metro por una atractiva desconocida todo esto lo hace aún más divertido. Durante unos momentos. Entonces las cosas empiezan a complicarse y a volverse confusas, por no decir que llegan a asustar. Ahora sientes que estás escribiendo para otras personas, o al menos así lo esperas. Ya no escribes sólo para salir de ti mismo -que como cualquier tipo de masturbación es una labor solitaria y vacía-, lo que probablemente resulta positivo. ¿Pero qué sustituye a la motivación onanista? Has descubierto que el hecho de que a otras personas les guste tu trabajo te produce gran satisfacción, y te esfuerzas para que también les guste el material en que estás trabajando ahora. La motivación de la pura satisfacción personal empieza a ser suplantada por la motivación de gustar, de que haya gente guapa a la que le gustes y que te admire y que opine que eres un buen escritor. El onanismo, como motivación, cede su lugar a un intento de seducción. Y ese intento de seducción se convierte en un trabajo duro, y la diversión se ve sustituida por un terrible miedo al rechazo. Sea lo que sea el «ego», tu ego se ha incorporado al juego. O puede que «vanidad» sea una palabra más adecuada. Porque te has dado cuenta de que destacar, convencer a la gente de que eres bueno, representa una buena compensación por tu esfuerzo. Esto es comprensible. Ahora escribir significa mucho para ti: tu vanidad está en juego. Descubres un aspecto complejo de la labor del escritor: una cierta dosis de vanidad es necesaria para llevarla a cabo, pero en cuanto la vanidad supera esa dosis precisa se vuelve letal. En algún momento descubres que el noventa por ciento de lo que escribes está motivado y nutrido por una exacerbada necesidad de satisfacer a los demás. El resultado es trabajo mierdoso. Y la ficción mierdosa debe acabar en la papelera, no por algo que podemos llamar integridad artística, sino porque el trabajo mierdoso provocará que dejes de gustar a los demás. En este punto de la evolución de la diversión a través de la escritura, lo que antes te había incitado a escribir se convierte en la causa de que tires tu trabajo a la papelera. Esto es una paradoja y una lata, y puede bloquearte durante meses e incluso años, periodo durante el que gimes y rechinas los dientes y lamentas tu mala suerte y tratas de imaginar adónde se ha ido la diversión.

(Sigue)