La naturaleza de la diversión, según David Foster Wallace (Segunda parte)

octubre 2, 2008

(Continuación del ensayo “La naturaleza de la diversión” de David Foster Wallace.)

Pero a pesar de todo es muy divertido. No me malinterpreten. Al reflexionar sobre la naturaleza de esa diversión, me viene a la mente aquella historia que oí una vez en la escuela dominical cuando yo tenía más o menos la altura de una boca de incendios. Se desarrolla en China o Corea o un sitio de esos. Por lo visto había un viejo granjero que vivía a las afueras de un pueblo emplazado entre colinas. El granjero trabajaba su granja sin más ayuda que la de su único hijo y la de su amado caballo. Un día el caballo, que no sólo era amado sino también crucial para las duras tareas de la granja, abrió la portilla de su corral o de donde fuera que estuviese y huyó a las colinas. Los amigos del viejo granjero acudieron y le dijeron que había tenido mala suerte. El granjero se limitó a encogerse de hombros y dijo: «Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?». Un par de días después el amado caballo regresó de las colinas en compañía de una manada de valiosos caballos salvajes, y todos los amigos del granjero acudieron para felicitarlo por el golpe de suerte en que había concluido la huida del caballo. «Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?», fue todo lo que él respondió, encogiéndose de hombros. Ahora me choca el estilo un poco Yiddish del viejo granjero chino, pero así es como recuerdo la historia. A continuación el granjero y su hijo se pusieron a domar los caballos salvajes, y uno de éstos derribó con tanta  fuerza al hijo que éste se rompió una pierna. Y de nuevo volvieron los amigos para consolar al granjero y maldecir la mala suerte que habían llevado a la granja aquellos caballos salvajes. El viejo granjero tan sólo se encogió de hombros y dijo: «Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?». Unos días después el ejército imperial chino o coreano, o algo así, apareció desfilando en el pueblo y reclutó como carne de cañón para sus filas a todos los varones sanos con edades comprendidas entre los diez y los sesenta años con motivo de algún terrible y sangriento conflicto que al parecer se estaba tramando, pero cuando vieron la pierna rota del hijo, lo dejaron ir con el equivalente a una licencia por invalidez, y en lugar de ser reclutado por la fuerza el hijo se quedó en su hogar junto al viejo granjero. ¿Buena suerte, mala suerte?

Éste es el tipo de historia sinuosa al que te enfrentas cuando tratas el tema de la diversión del escritor. Al principio, cuando intentas escribir ficción por primera vez, el esfuerzo tiene como único fin la diversión. No esperas que nadie más lea lo que haces. Escribes casi con el único motivo de salir de ti mismo. Para dar rienda suelta a tus fantasías y pensamientos retorcidos y para huir de partes de ti mismo que no te gustan, o bien para transformarlas. Y funciona. Y es muy divertido. Entonces, si tienes buena suerte y a la gente parece gustarle lo que haces, y empiezas a recibir dinero a cambio, y llegas a ver tu material profesionalmente impreso y encuadernado y publicitado y reseñado e incluso (una única vez) siendo leído en el metro por una atractiva desconocida todo esto lo hace aún más divertido. Durante unos momentos. Entonces las cosas empiezan a complicarse y a volverse confusas, por no decir que llegan a asustar. Ahora sientes que estás escribiendo para otras personas, o al menos así lo esperas. Ya no escribes sólo para salir de ti mismo -que como cualquier tipo de masturbación es una labor solitaria y vacía-, lo que probablemente resulta positivo. ¿Pero qué sustituye a la motivación onanista? Has descubierto que el hecho de que a otras personas les guste tu trabajo te produce gran satisfacción, y te esfuerzas para que también les guste el material en que estás trabajando ahora. La motivación de la pura satisfacción personal empieza a ser suplantada por la motivación de gustar, de que haya gente guapa a la que le gustes y que te admire y que opine que eres un buen escritor. El onanismo, como motivación, cede su lugar a un intento de seducción. Y ese intento de seducción se convierte en un trabajo duro, y la diversión se ve sustituida por un terrible miedo al rechazo. Sea lo que sea el «ego», tu ego se ha incorporado al juego. O puede que «vanidad» sea una palabra más adecuada. Porque te has dado cuenta de que destacar, convencer a la gente de que eres bueno, representa una buena compensación por tu esfuerzo. Esto es comprensible. Ahora escribir significa mucho para ti: tu vanidad está en juego. Descubres un aspecto complejo de la labor del escritor: una cierta dosis de vanidad es necesaria para llevarla a cabo, pero en cuanto la vanidad supera esa dosis precisa se vuelve letal. En algún momento descubres que el noventa por ciento de lo que escribes está motivado y nutrido por una exacerbada necesidad de satisfacer a los demás. El resultado es trabajo mierdoso. Y la ficción mierdosa debe acabar en la papelera, no por algo que podemos llamar integridad artística, sino porque el trabajo mierdoso provocará que dejes de gustar a los demás. En este punto de la evolución de la diversión a través de la escritura, lo que antes te había incitado a escribir se convierte en la causa de que tires tu trabajo a la papelera. Esto es una paradoja y una lata, y puede bloquearte durante meses e incluso años, periodo durante el que gimes y rechinas los dientes y lamentas tu mala suerte y tratas de imaginar adónde se ha ido la diversión.

(Sigue)

3 comentarios to “La naturaleza de la diversión, según David Foster Wallace (Segunda parte)”

  1. Permíteme que irrumpa en esta entrada, amigo Jon, para felicitarte por tu nuevo alumbramiento en forma de colección de cuentos: “Como una historia de terror”
    Intentaré conseguirlo y leerlo con interés.
    Saludos.

  2. jonbilbao said

    Gracias, Pepe. En breve haré el anuncio oficial en este blog e informaré de las fechas de las presentaciones.
    Un saludo.

  3. Esther said

    Yo soy de las que, a la muerte de DFW, sale corriendo a la biblioteca en busca de La niña del pelo raro, por ejemplo, y se da cuenta de que en las bibliotecas, al menos en la mía, no conocen ni su sombra. ¿Sólo se puede conseguir en las bibliotecas públicas El Cantar de Mío Cid?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: