la libreria dedicada al cuento.

El próximo martes, 2 de diciembre, a las 20:00 podréis encontrarme en la librería Tres rosas amarillas, donde haré una lectura de (algún fragmento de) Como una historia de terror. Luego podremos charlar sobre el libro o sobre lo que os apetezca.

TRES ROSAS AMARILLAS

C/. San Vicente Ferrer, 34 MADRID

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Estas ilustraciones, obra de Carlos León Sancha, acompañarán un artículo dedicado a Como una historia de terror que aparecerá en el número de enero de la revista En Stock. La primera corresponde al relato que da título al libro y la segunda a “Rata”.

Tal como reza el texto de la contraportada, Vacío perfecto es una recopilación de reseñas de libros inexistentes. Es totalmente cierto que los libros son inexistentes pero no lo es tanto que las reseñas sean reseñas; más bien son sinopsis. Esto resulta lógico, puesto que si los libros no existen, para que el lector comprenda los comentarios críticos que de ellos se hace antes hay que proporcionarle un material de referencia. En cualquier caso, el carácter narrativo de las reseñas que componen Vacío perfecto predomina de forma aplastante sobre el crítico.

Resulta muy tentador detenerse a hacer una sinopsis de las sinopsis, pero (también a modo de referencia) esbozaré sólo unos pocos de los libros ficticios analizados.

Gruppenfürer Louis XVI (Alfred Zellermann, Suhrkampf Verlag, Frankfurt) es una novela en la que se narra cómo un grupo de ex integrantes del Tercer Reich se refugia en el interior de Argentina tras la Segunda Guerra Mundial. Allí constituyen un reino particular, a semejanza del de Louis XVI, con su misma pompa y ceremonia. La simulación alcanza tal nivel de refinamiento que termina por convertirse en realidad.

Non Serviam (Arthur Dobb, Pergamon Press) es un tratado de personética; es decir: ética aplicada a unas criaturas artificiales, creadas por el hombre, que habitan en contextos informáticos y para las que la matemática es «su aire, su tierra, sus nubes, su agua e incluso su pan, su alimento, ya que en cierto sentido “se nutren de ella”».

Sexplosión (Simon Merrill, Walker and Company, Nueva York) se trata de otra novela, en este caso postapocalíptica, en la que se narra cómo la imposición del sexo como algo obligatorio y omnipresente para todo el mundo condujo al fin de la civilización.

Valga esto como ejemplo.

En la introducción de Vacío perfecto y en la primera de las reseñas que lo forman, dedicada precisamente a Vacío Perfecto de Stanislaw Lem (por lo tanto la única reseña de un libro real) se dan varias razones que justifican, o al menos hacen interesante, la escritura de reseñas de libros inexistentes, como por ejemplo la unión de los papeles del autor y el crítico.

Yo voy a aventurar dos razones más.

Se dice a menudo (y probablemente sea cierto) que los escritores escriben los libros que a ellos les gustaría leer. ¿Pero qué sucede si esos libros son imposibles de escribir? Un ejemplo a este respecto sería Gigamesh (Patrick Hannahan, Transworld Publishers, Londres), novela cuya acción transcurre en sólo 36 minutos, que, al igual que hace el Ulises de Joyce con la Odisea, reescribe el poema épico mesopotámico Gilgamesh, y que mediante una complejísima serie de asociaciones de significados y niveles de lectura abarca todo el saber de la humanidad. Nada más y nada menos.

Otra dificultad a la que se puede enfrentar el escritor es la de: ¿qué sucede si el libro que quiere escribir/leer es posible llevarlo a la práctica pero luego ningún lector en su sano juicio estaría dispuesto a leerlo? O, en otras palabras: ¿qué pasa si la idea es buena pero su materialización arrasa todo su interés?

En cualquiera de los dos casos la solución podría pasar por lo que hizo Lem en Vacío Perfecto, lo que convierte este libro en un interesante estudio (aunque a veces difícil de roer) acerca de los límites de la escritura, y en el que queda demostrado que es posible escribir un libro sin necesidad de escribirlo.

Stanislaw Lem. Vacío perfecto. Impedimenta. Madrid. 2008

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Ayer, Como una historia de terror resultó ganadora del Premio Ojo Crítico de Narrativa 2008, que concede Radio Nacional. Lo que sigue es parte del comunicado de prensa correspondiente:

Hoy, 13 de noviembre de 2008, se ha fallado el Premio Ojo Crítico de Narrativa, que ha recaído en Jon Bilbao por su libro de relatos Como una historia de terror. El jurado del premio ha estado formado por Nuria Azancot, crítica literaria en “El Cultural” del diario “El Mundo”; Javier Goñi, crítico del suplemento literario “Babelia” del diario “El País”; Luisgé Martín, escritor; Fernando Marías, escritor y editor; Ester de Lorenzo, colaboradora de “El Ojo Crítico”; Modesta Cruz, periodista especializada en literatura en RNE y Laura Barrachina, codirectora de “El Ojo Crítico”.

En el fallo este jurado ha calificado Como una historia de terror como “un conjunto de relatos inquietantes que bajo una estructura clásica tienen evidentes destellos de modernidad. En estos relatos se refleja la extrañeza de vivir. Así el autor “confirma con Como una historia de terror el deslumbrante arranque literario que ya tuvo con su anterior novela El hermano de las moscas.

Doy las gracias a los miembros del jurado y a la editorial Salto de Página, por la confianza que ha puesto en mí. Al igual que el libro, el premio se lo dedico a Katia, que se merece esto y muchísimo más.

 

Gorilas, chicas y superhéroes

noviembre 13, 2008

De los muchos blogs dedicados a recopilar cómics clásicos escaneados, Fortress of Fortitude es uno de los más originales y uno de mis preferidos.

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Adiós, hasta mañana comienza con un crimen rural. En una granja a las afueras de Lincoln, Illinois, un hombre es asesinado una mañana mientras ordeña sus vacas. Todo indica que el culpable es un vecino con el que últimamente había tenido desavenencias. Pero Adiós, hasta mañana no es una novela negra ni una crónica criminal al estilo de A sangre fría. Esta novela de William Maxwell (1908-2000), la más celebrada de las seis que escribió, trata sobre la amistad; o, de forma más precisa, sobre el fin de la amistad.

La víctima se llama Lloyd Wilson; el asesino, Clarence Smith. Los dos están casados, son padres de familia y arrendatarios de granjas colindantes. Clarence tiene un hijo, Cletus, que en el momento del crimen no es más que un niño. Cletus tiene un amigo: el narrador de la historia. Este narrador posee una voz que recuerda mucho a la de William Maxwell e incluso comparte datos biográficos con el autor, como la muerte de su madre a consecuencia de la epidemia de gripo española, el cuidado a cargo de un padre responsable pero distante y la existencia de un hermano mayor con una pierna ortopédica (todo ello presente también en la novela autobiográfica Vinieron como golondrinas). El crimen cometido por el padre de Cletus trae como consecuencia que los dos amigos se distancien. Vuelven a verse cuando tienen ya quince años -un instante fugaz pero cargado de significado- y se alejan para siempre uno del otro. Los remordimientos acosan al narrador durante décadas: dio la espalda a su amigo en el momento en que éste más necesitaba de su apoyo.

Son esos remordimientos los que, cuando es ya un hombre maduro, llevan al narrador a reconstruir lo que sucedió aquella mañana en una granja a las afueras de Lincoln, y los hechos que condujeron a ello. Lo hace para tratar de comprender cómo se sintió entonces su amigo, para compartir su dolor y -aunque Cletus nunca llegue a saberlo- para pedirle perdón.

La víctima y el asesino también eran amigos. Durante años fueron casi como hermanos. Se ayudaban cuando el motor de un tractor se averiaba, cuando un ternero se ponía enfermo o cuando alguno de los dos iba retrasado con la recogida de la cosecha. Pasaban ratos agradables en casa de uno y otro. Sus hijos jugaban juntos. Sus mujeres se hacían favores. Pero un día todo eso empezó a desmoronarse. Lloyd dejó de visitar la granja de Clarence. Ya no eran amigos, sino todo lo contrario. Y junto con su amistad se vino abajo toda la vida de ambos: les corroía trabajar unas tierras de las que no eran propietarios y no disponer del dinero necesario para empezar de nuevo en otro lugar; sus mujeres manifestaron no ser felices y desear algo mejor que una vida en una mísera granja; el vecindario del que formaban parte se llenó de prejuicios y chismorreos… La situación se fue enconando de tal modo que hizo falta un revólver para resolverla. Y Lloyd y Clarence no habrían llegado a tal situación si no hubieran sido amigos. Eso era lo peor.

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William Maxwell ejerció durante más de cuarenta años como editor de ficción en The New Yorker. A lo largo de ese tiempo encarriló las carreras de autores como John Updike y John Cheever, además de instaurar el que aún hoy es el estilo característico de la revista: pulcro, fluido, realista y libre de experimentalismos. En su propia obra, Maxwell predicó con el ejemplo. Adiós, hasta mañana se lee sin trabas y con gran disfrute a pesar de la tristeza que empapa sus páginas. Es una novela de escritura cristalina, emotiva pero nunca sensiblera. Compadecemos a la víctima y también al asesino, a sus mujeres, a los niños, al narrador. Y lo hacemos porque los comprendemos. A todos. De una forma natural, sin malabarismos, Maxwell nos mete en sus pellejos para que sepamos lo que sienten (precisamente lo que pretende el narrador al reconstruir la historia del crimen).

Pero no es éste el mayor logro de Maxwell en esta novela, sino hacernos disfrutar con la lectura a pesar del atroz recordatorio que albergan sus páginas: que no importa cuánto queramos a alguien y creamos conocerlo, porque quizás algún día ya no podremos decirle «Adiós, hasta mañana», ni siquiera «Adiós», sino que sólo habrá silencio.

William Maxwell. Adiós, hasta mañana. Libros del asteroide. Barcelona. 2008