Sobre “Vacío perfecto”, de Stanislaw Lem

noviembre 19, 2008

Tal como reza el texto de la contraportada, Vacío perfecto es una recopilación de reseñas de libros inexistentes. Es totalmente cierto que los libros son inexistentes pero no lo es tanto que las reseñas sean reseñas; más bien son sinopsis. Esto resulta lógico, puesto que si los libros no existen, para que el lector comprenda los comentarios críticos que de ellos se hace antes hay que proporcionarle un material de referencia. En cualquier caso, el carácter narrativo de las reseñas que componen Vacío perfecto predomina de forma aplastante sobre el crítico.

Resulta muy tentador detenerse a hacer una sinopsis de las sinopsis, pero (también a modo de referencia) esbozaré sólo unos pocos de los libros ficticios analizados.

Gruppenfürer Louis XVI (Alfred Zellermann, Suhrkampf Verlag, Frankfurt) es una novela en la que se narra cómo un grupo de ex integrantes del Tercer Reich se refugia en el interior de Argentina tras la Segunda Guerra Mundial. Allí constituyen un reino particular, a semejanza del de Louis XVI, con su misma pompa y ceremonia. La simulación alcanza tal nivel de refinamiento que termina por convertirse en realidad.

Non Serviam (Arthur Dobb, Pergamon Press) es un tratado de personética; es decir: ética aplicada a unas criaturas artificiales, creadas por el hombre, que habitan en contextos informáticos y para las que la matemática es «su aire, su tierra, sus nubes, su agua e incluso su pan, su alimento, ya que en cierto sentido “se nutren de ella”».

Sexplosión (Simon Merrill, Walker and Company, Nueva York) se trata de otra novela, en este caso postapocalíptica, en la que se narra cómo la imposición del sexo como algo obligatorio y omnipresente para todo el mundo condujo al fin de la civilización.

Valga esto como ejemplo.

En la introducción de Vacío perfecto y en la primera de las reseñas que lo forman, dedicada precisamente a Vacío Perfecto de Stanislaw Lem (por lo tanto la única reseña de un libro real) se dan varias razones que justifican, o al menos hacen interesante, la escritura de reseñas de libros inexistentes, como por ejemplo la unión de los papeles del autor y el crítico.

Yo voy a aventurar dos razones más.

Se dice a menudo (y probablemente sea cierto) que los escritores escriben los libros que a ellos les gustaría leer. ¿Pero qué sucede si esos libros son imposibles de escribir? Un ejemplo a este respecto sería Gigamesh (Patrick Hannahan, Transworld Publishers, Londres), novela cuya acción transcurre en sólo 36 minutos, que, al igual que hace el Ulises de Joyce con la Odisea, reescribe el poema épico mesopotámico Gilgamesh, y que mediante una complejísima serie de asociaciones de significados y niveles de lectura abarca todo el saber de la humanidad. Nada más y nada menos.

Otra dificultad a la que se puede enfrentar el escritor es la de: ¿qué sucede si el libro que quiere escribir/leer es posible llevarlo a la práctica pero luego ningún lector en su sano juicio estaría dispuesto a leerlo? O, en otras palabras: ¿qué pasa si la idea es buena pero su materialización arrasa todo su interés?

En cualquiera de los dos casos la solución podría pasar por lo que hizo Lem en Vacío Perfecto, lo que convierte este libro en un interesante estudio (aunque a veces difícil de roer) acerca de los límites de la escritura, y en el que queda demostrado que es posible escribir un libro sin necesidad de escribirlo.

Stanislaw Lem. Vacío perfecto. Impedimenta. Madrid. 2008

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