La importancia de llamarse Frank

enero 9, 2009

999, un blog sobre cómics que no tiene desperdicio, ha posteado la traducción de un artículo firmado por Alan Moore en el que manifiesta su opinión sobre el hoy omnipresente Frank Miller: Parte 1 y Parte 2. El artículo fue publicado en el magazine The Daredevils #1-2, en 1983. Los que prefiráis leerlo en inglés lo tenéis aquí. Y como muestra:

¡Escuchad niños, no intentéis hablarme de comics! He estado leyendo esas malditas cosas desde hace 22 años y estoy amargado, cansado y cínico en proporciones terminales. Estaba allí en 1961 cuando Marvel Comics empezó su gran experimento para dar a los superhéroes de dos dimensiones unas personalidades creíbles y ansiedades humanas auténticas. Estaba allí unos pocos años después cuando la noble empresa se había hundido en la misma rutina aburrida y parecía que para convertirse en un superhumano había que tener una pierna mala, un corazón débil o una tía soltera con varices crónicas.Ahora, como soy viejo, excéntrico y poco razonable, no debería ser extraño que recibiese la llegada de Frank Miller con pesimismo poco amistoso y falta de entusiasmo por su futuro dentro del mundo del comic (…)

Estaba allí cuando Jim Steranko empezó a llenar las páginas de ‘Agente de SHIELD’ con mareantes diseños donde el tiempo podía ralentizarse extremadamente al romper la acción en montones de pequeños paneles, o donde la trayectoria del salto de un personaje se podía romper en una secuencia de imágenes cinéticas flotantes. Estaba allí cuando Neal Adams tomó el control de la parte gráfica de ‘Deadman’ en Strange Adventures de DC, convirtiendo en el proceso la historieta en una desagradable y brutal fantasía clásica donde cada viñeta exudaba una palpable ferocidad. Me regocijaba con el ‘Manhunter’ de Goodwin y Simonson, el ingeniosamente paranoico ‘Warlock’ de Jim Starlin, la suntuosa interpretación Art Nouveau del ‘Conan’ de Barry Smith.

También estaba allí cuando todas estas historietas sucumbieron bajo la guadaña de la caída de las ventas y sus creadores se marcharon, con pocas notables excepciones, para dedicar sus energías a producir extravagantes y autocomplacientes portafolios que sólo se podían permitir los Rothschild y Lord Kagans de este mundo. Todo lo cual demuestra aquella vieja, inexorable máxima que dice cruelmente: “El buen material no dura porque el buen material no vende”. Así que no me habléis de comics. Es demasiado doloroso. Ahora, como soy viejo, excéntrico y poco razonable, no debería ser extraño que recibiese la llegada de Frank Miller con pesimismo poco amistoso y falta de entusiasmo por su futuro dentro del mundo del comic (…)

Una respuesta to “La importancia de llamarse Frank”

  1. Bruce said

    Pues gracias por el piropo.
    Has elegido un nombre y una cabecera con mucha clase.

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