Sobre “Norteamérica Profunda”, de Juan Carlos Márquez

febrero 10, 2009

Con un retraso para el que no tengo excusa leo Norteamérica Profunda, de Juan Carlos Márquez, colección de relatos ganadora del VIII Certamen Rafael González Castell en el año 2005, pero que no fue publicada hasta el pasado 2008. Como se puede intuir por el título, los cinco relatos que forman la colección están ambientados en lugares más o menos profundos de Norteamérica; valga esto, por el momento, como elemento que presta unicidad a la colección.

Se pueden apreciar en estos relatos numerosas influencias literarias y cinematográficas, pero influencias las tenemos todos. Si en lugar de en Norteamérica los relatos estuvieran ambientados en París, Madrid o Bilbao, también tendrían influencias, pero seguramente se hablaría menos de ellas en una reseña o ni siquiera se mencionarían. No sé cuál ha sido la fuente de inspiración de Juan Carlos Márquez, si se ha basado en sus lecturas, seguro que muy abundantes, y sus visionados, también abundantes, o si ha recorrido en persona los lugares descritos y experimentado de primera o segunda mano algunas de las situaciones narradas. Por este motivo no quiero emplear el término «homenaje» para calificar estos relatos. Homenaje implica algo secundario, un pastiche, algo que está por debajo de aquello a lo que se homenajea. En este caso, al margen de influencias, referencias y homenajes de cualquier tipo, estamos, simplemente, ante buenos relatos.

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Abre el fuego “La sombra de las acacias”, una bildungsroman en miniatura donde en menos de treinta páginas Juan Carlos Márquez habla sin apresuramiento de la niñez, de la ausencia del padre, del desarraigo, del paso de la vida urbana a la rural, de la amistad, del sexo, del remordimiento, del perdón, de la responsabilidad, de la guerra…; todo ello con un estilo clásico, terso y libre de afectación: lo que pide la historia. Ni más ni menos. Se trata del relato más extenso y, en apariencia, más elaborado de la colección. No es, sin embargo, mi preferido; no por carencias narrativas sino por lo reiterativo de las etapas por las que pasan las historias de formación.

En los “Los jueves de Pleasent” se produce un golpe de timón. Pasamos del rancho a la mansión costera; del olor a pasto y estiércol, al del perfume y la madera barnizada; del relincho de los caballos, al tintineo del hielo en una copa; de Steinbeck/Canin a Cheever/Fitzgerald. Nos encontramos con el siempre resultón enfrentamiento entre nuevos y viejos ricos y con un protagonista con el que apetece compartir una coctelera de dry martini.

“Salvajes”. Otro golpe de timón. Retrocedemos varios siglos, hasta la colonización del territorio. Indios, colonos, caballos, cabañas y bosques. Mejor no hablar mucho sobre el relato para no destriparlo. Ojalá fuera más largo.

Llegamos ahora a los dos últimos, que son mis preferidos. “La Tierra en pedazos” cuenta una historia de amistad, otro de esos temas inagotables, entre un convicto y uno de sus carceleros. Al margen de mi inclinación por los relatos de amistad/compañerismo, valoro en “La Tierra en pedazos”, sobre todo, su final: emotivo, contenido y potente. Por supuesto, no pienso contarlo aquí.

Cierra la colección “El Espíritu del Norte”, a mi entender el mejor relato del conjunto. Una mujer padece cáncer de pulmón. Antes de que sea demasiado tarde, ella y su marido alquilan una caravana y emprenden el viaje que siempre quisieron hacer: a Churchill (Canadá) para presenciar el espectáculo de la aurora boreal. De nuevo un relato emotivo, que no cae en la sensiblería a pesar de que el planteamiento se prestaba a ello, salpicado de un simbolismo flexible, elegante y no obstructivo (la aurora boreal, la anciana india que acompaña a la pareja a presenciar el espectáculo celeste, sus encuentros con dos jóvenes por el camino…), y un final palpitante, perfecto para concluir el libro.

¿Los peros? En primer lugar, “Norteamérica Profunda” se merecía una edición y, sobre todo, una distribución mejores de las que ha disfrutado; pero qué vamos a decir a estas alturas de las publicaciones institucionales que no sepamos ya. Por otro lado, quizá el final de “La sombra de las acacias” sea un poco forzado; ese entrenador de atletismo que de repente desvela al chico protagonista cómo fue el final del padre de éste en Vietnam; y quizá la lectura que debemos hacer del título “Salvajes” resulte predecible: los salvajes no son los indios, sino los aparentemente pacíficos y bienintencionados colonos. Quizá, quizá, quizá… Principalmente, aspectos que quedan fuera del control del autor, dudas y críticas basadas más en gustos personales que en verdaderas certezas.

Y hablando de certezas…

Una. Que cuando lees bien, ves cine bien, te empapas bien de lo que te rodea y escribes bien puedes ambientar tus historias en Norteamérica, China o una galaxia lejana, muy lejana sin que importe que seas de París, Madrid o Bilbao.

Y otra. Que el único criterio unificador que importa a la hora de valorar una colección de relatos es el de la calidad.

Juan Carlos Márquez, Norteamérica Profunda, Diputación de Badajoz, 2008

ACTUALIZACIÓN: Ahora esta reseña también puede leerse en Revista de Letras.

7 comentarios to “Sobre “Norteamérica Profunda”, de Juan Carlos Márquez”

  1. Lola Sanabria García said

    También “El espíritu del Norte” es mi preferido.

  2. Mis tres favoritos son “La sombra de las acacias”, “Salvajes” y “El espíritu del Norte”. Hablando de leer bien, tú lo has hecho con ese libro, Jon. El autor estará contento, porque te dejen mejor o peor, lo importante es que quien se pronuncie sobre tu trabajo haya sabido leerlo, interpretarlo y recibirlo.

    Abrazos.

  3. El autor está contento, sí, por la lectura lúcida y libre de prejuicios. Gracias, Jon.

  4. jonbilbao said

    De nada, Juan Carlos. Cuando el libro te ha gustado de verdad es muy fácil escribir la reseña.
    Un abrazo.

  5. Marta said

    Es un fantástico libro de cuentos. El espíritu del norte también es mi favorito.
    Saludos.

  6. Vengo del blog de Juan Carlos y he leído tu reseña. Muy interesante.
    Casi termino ‘Norteamérica profunda’, y en ‘Salvajes’ estoy convencida de que los colonos son los salvajes, no los indígenas, por supuesto.

    Muchos saludos
    Magda

  7. Excelente reseña, Jon. Y el libro de Juan Carlos se la merece. Un saludo.

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