Más que dibujitos

septiembre 30, 2009

Columna publicada en Deia el 30 de septiembre de 2009.

MÁS QUE DIBUJITOS 

El pasado 18 de septiembre, Vicente Molina Foix publicó en Tiempo una columna titulada “Dibujos animados”. En ella se quejaba de que «la consideración del tebeo como una de las bellas artes está ahí para quedarse» y de «la disparatada instauración […] del Premio Nacional del Cómic, con el que nuestro Ministerio de Cultura enaltece al dibujante de monigotes con la misma dignidad y (el mismo dinero) que otorga al mejor novelista, poeta o ensayista del año». Creo que con esto ya se hacen una idea del tono y el contenido.

Sería fácil replicar diciendo que «la equiparación de Mortadelo & Filemón y el manga con Thomas Mann o Buñuel» sólo existe en la columna del señor Molina Foix, o que definir el cómic como «dibujitos» es lo mismo que decir que las novelas son palabras puestas una detrás de otra. Pero prefiero hablar de a qué me ha recordado esa columna.

“Dibujos animados” me ha hecho pensar en las críticas que, en su momento, los autodenominados intelectuales dedicaron a un género literario que empezaba a gozar de gran aceptación entre los lectores, género que conocemos como novela. Aquellas críticas menospreciaban las novelas alegando que eran sartas de ficciones sin otro fin que la evasión, fuentes de confusión para mentes incautas, distracciones vacuas para las ociosas damas burguesas… En definitiva, dejaban claro que la novela no podía compararse con géneros más elevados, como la poesía y el ensayo, y solicitaban fronteras para su crecimiento y consideración. Tales comentarios no consiguieron nada. La novela ganó terreno y evolucionó hasta convertirse en lo que es hoy, como las novelas del propio Molina Foix demuestran.

Con esto no pretendo decir, ni mucho menos, que el cómic terminará desplazando a las demás artes, sino que los argumentos anclados en el pasado y basados más en el interés propio que en el respeto poco, o nada, pueden hacer contra las nuevas formas de expresión.

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septiembre 23, 2009

Hoy he empezado a publicar una columna semanal en el periódico Deia, columna que (cuando me guste de verdad) colgaré también en el blog. Aquí tenéis la primera, titulada:

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Tengo opiniones encontradas sobre Californication. Para los que no sepan de qué hablo, me refiero a la serie de televisión protagonizada por el actor David Duchovny (el otrora agente Mulder de Expediente X) que actualmente puede verse en varios canales en castellano. Duchovny interpreta a Hank Moody, un escritor residente en Los Ángeles que pasa por horas bajas. Su día a día consiste en acostarse con todas las mujeres con quien tiene oportunidad (que son muchas), jugar al Guitar Hero con su hija preadolescente y tratar de recuperar la confianza de su ex mujer. Por un lado, me parece una serie con personajes atractivos y una incorrección política muy de agradecer. Por otro, me molesta porque fomenta bastantes estereotipos sobre los escritores. Unos estereotipos que nada tienen (o tendrían) que ver con la realidad, pero a los que, al parecer, debe atenerse quien quiera ser un escritor cool.

El protagonista de Californication luce un malditismo impostado; escribe sólo bajo los efectos de la inspiración (nada de trabajar si no le apetece); cuando escribe, redacta un único manuscrito que luego pasea por todas partes como un periódico viejo hasta que acaba perdiéndolo; y la mayor parte del tiempo está bloqueado.

Esto último es lo que más me molesta. ¿Recuerdan alguna película sobre un corredor de bolsa, un cajero de peaje de autopista o un asesino a sueldo bloqueado? Por lo visto, los creadores de Californication, y de otras ficciones sobre escritores, piensan que la escritura es tan aburrida que antes de mostrar a alguien escribiendo, o el fruto de su trabajo, o las consecuencias del mismo, es mejor mostrarlo tumbado en un sofá sin hacer nada.

Espero que cuando lean esta columna semanal con la que hoy debuto, no piensen que ojalá yo también estuviera bloqueado. Intentaré no caer en este estereotipo ni en ningún otro de los mencionados. Aunque no prometo nada.

Ayer, viernes 11 de septiembre, la Comisión de Preselección del VI Premio Setenil hizo pública la lista con los diez finalistas de este año:

Oficios, Juan Carlos Márquez (Castalia)

Tanta gente sola, Juan Bonilla (Seix-Barral)

El espacio alrededor, Arturo Enríquez (De la luna libros)

Los objetos nos llaman, Juan José Millás (Seix-Barral)

Cuaderno escolar, Juan Ramón Santos (Ed. Regional Extremadura)

Con tal de no morir, Vicente Molina Foix (Anagrama)

Como una historia de terror, Jon Bilbao (Salto de Página)

Yo también puedo escribir una jodida historia de amor, Carlos Salem (Escalera)

Estancos del Chiado, Fernando Clemot (Paralelo Sur Ediciones)

El centro de la Tierra, Andrés Pérez Domínguez (Paréntesis Editorial)

El jurado que escogerá un ganador entre estos diez libros estará presidido por Javier Tomeo.