Carne de elipsis

octubre 29, 2009

Columna publicada en Deia el 29 de octubre de 2009.

CARNE DE ELIPSIS

El pasado domingo, cuando volvía a casa en coche me encontré la puerta del garaje atascada. No había forma de que se abriera. Los vehículos que regresaban tras pasar fuera el fin de semana se apelotonaban en la calle. Mientras esperábamos a que un técnico y un par de voluntariosos vecinos arreglaran el motor, yo pensaba en lo prescindible de aquel momento. Una escena similar nunca aparecería en una historia de ficción.

Eso me llevó a pensar que el carácter infalible de, por ejemplo, Gil Grissom, célebre protagonista de CSI Las Vegas, no se debe sólo a la inteligencia y templanza que demuestra en cada escena, sino a que son muchos los momentos de su vida que se nos ocultan; de hecho, la mayoría. No le vemos atrapado en un atasco, muerto de aburrimiento, ni pedir al peluquero que le disimule la incipiente calva de la coronilla, ni dudar en el supermercado sobre qué marca de queso comprar… Grissom y sus equivalentes, la clase privilegiada del plano de la ficción, son superhéroes que se trasladan instantáneamente de un lugar a otro, cuyos actos son siempre relevantes y sus palabras pertinentes. Esto no significa que no les veamos cometer errores, pero incluso éstos poseen categoría; les hacen crecer como personajes, no representan un engorroso freno para sus historias sino que las impulsan hacia delante. Para que cualquiera de nosotros se convirtiera en un héroe, o al menos lo pareciera, no haría falta añadir hazañas a su vida, sólo eliminar momentos prescindibles, carne de elipsis.

Quienes se dedican a la escritura pueden acercarse a este ideal. Permanecen ocultos durante meses o años, trabajando, y tras ese tiempo ofrecen al público un destilado de su labor; un destilado que es incluso superior a ellos mismos. Las inseguridades, los tiempos muertos, las tachaduras quedan ocultos. Pero luego llegan las columnas semanales y la puerta del garaje se atasca.

Grendel

octubre 23, 2009

En pocos días podréis encontrar en las librerías mi traducción de la novela Grendel, de John Gardner, de la que también firmo el prólogo, y que publica la editorial Meettok.

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John Gardner (1933-1982) es conocido entre nosotros especialmente por su labor como profesor de escritura creativa, fruto de la cual son sus manuales El arte de la ficción y Para ser novelista (disponibles en castellano gracias a la editorial/librería Fuentetaja). Pero Gardner también tuvo una importante producción narrativa. Cabe destacar las novelas Diálogos de la luz del sol, La montaña de níquel y Grendel. En el campo del ensayo, al margen de los dos manuales citados, sobresale el célebre y controvertido On Moral Fiction.

Lo que sigue es un par de fragmentos del prólogo que he escrito para esta nueva edición de Grendel:

«Grendel es una versión novelada del poema épico anglosajón Beowulf, narrada desde el punto de vista de Grendel, uno de los tres monstruos que aparecen en la obra original. Ésta es una afirmación simplista, pues en realidad Grendel abarca sólo un tercio del poema, y es más que una versión puesto que añade abundante información a la recogida en Beowulf. Pero de momento dejémoslo así.»

«Puede resultar chocante que a finales de los años sesenta, época en que la vanguardia literaria en Estados Unidos la encabezaban autores como Thomas Pynchon, Donald Barthelme y John Barth, todos ellos ubicados en el posmodernismo y la metaliteratura, alguien decidiera escribir una novela, a primera vista, tan clásica. Lo cierto es, sin embargo, que Grendel es una obra intensamente posmoderna. De hecho, casi parece un catálogo de los rasgos fundamentales del posmodernismo: da voz a un personaje que antes no la tenía; reflexiona sobre el proceso creativo; establece una profunda relación intertextual con una obra anterior –Beowulf, obviamente–; cuestiona ideas esenciales de nuestra cultura, como «Historia» y «Verdad»; explora las posibilidades expresivas del lenguaje…»

«Durante sus solitarios esfuerzos por encontrar sentido a su existencia, Grendel llega a la conclusión de que el mundo es caótico y está vacío de significado, una idea propia del existencialismo sartriano. Sus opiniones se ven corroboradas durante su entrevista con el dragón –en uno de los mejores capítulos del libro–, un ser omnisapiente pero también manipulador y corrupto, que ha llevado su nihilismo hasta el extremo de creer únicamente en el oro que acumula en su cueva.»

La presentación para la prensa (aunque cualquiera que esté interesado será bienvenido) tendrá lugar el próximo miércoles, día 28, a las 11:00, en la librería ELKAR, calle Licenciado Poza, 14, de Bilbao.

IV Premio Xatafi-Cyberdark

octubre 23, 2009

Así da gusto empezar la mañana. Me comunican que mi novela El hermano de las moscas ha recibido el IV Premio Xatafi-Cyberdark al Mejor Libro de Ficción Español, ex- aequo con El mapa del tiempo de Félix J. Palma. 

Me gustaría dar las gracias a los miembros del jurado y la enhorabuena a Félix y a los ganadores enlas demás categorías (incluido el difunto e insuperable J.G. Ballard, esté donde esté).

Adjunto la nota de prensa facilitada por la organización.

GANADORES  IV PREMIO XATAFI-CYBERDARK DE LA CRÍTICA DE LITERATURA FANTÁSTICA
 
El jurado compuesto por Lola Coll, Alfredo Lara, Juan Manuel Santiago, Mariano Villarreal y Arturo Villarrubia (donde ha ejercido Alberto García-Teresa de secretario sin voz ni voto) ha decidido conceder el IV Premio Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica a las siguientes obras:
 
Libro de ficción español (ex-aequo):
El mapa del tiempo, de Félix J. Palma (Algaida)
El hermano de las moscas de Jon Bilbao (Salto de página)
 
Cuento español:
“Mosquitos”, de Marc R. Soto (en Marc R. Soto, El hombre divergente, AJEC)
 
Libro de ficción extranjero:
El sindicato de policía yiddish, de Michael Chabon (Mondadori)
 
Cuento extranjero:
“El índice”, de J. G. Ballard (en J.G. Ballard, Fiebre de guerra, Berenice)
 
Iniciativa editorial:
Francisco Arellano, por Biblioteca del Laberinto
 
Los ganadores se  han hecho públicos la noche del jueves 22 de octubre, dentro de la Gala de las Letras del Festival Getafe Negro 2009.

O.L.N.I

octubre 22, 2009

Columna publicada en Deia el 21 de octubre de 2009.

O.L.N.I

Creo que a todos los que nos dedicamos de una forma u otra a la escritura alguien nos ha preguntado últimamente acerca del libro electrónico. Algunas personas te interrogan bajando la voz, con un tono entre grave y confidencial, como si preguntaran por un pariente en estado terminal o por la evolución de alguna enfermedad venérea que uno padeciera. Yo suelo encogerme de hombros y responder con un sencillo: «No me parece mal». Y después, para que quede bien claro, me encojo de hombros otra vez.

El libro electrónico no me quita el sueño. Estamos ante un caso en que la tecnología no acude a aliviar una necesidad, como sí sucedió con el teléfono móvil, sino que avanza por su cuenta y desarrolla algo para lo que no existía demanda previa. De pronto ha aterrizado entre nosotros un artefacto con el que nadie sabe qué hacer, un Objeto Legible No Identificado. Al margen de los fabricantes, creo que nadie se había detenido a pensar con cierto detenimiento cómo serían las cosas cuando llegara el libro electrónico, de ahí la confusión reinante ahora: no se sabe cómo se comercializarán los textos, cómo se gestionarán los derechos… Sony, Amazon y compañía incitan el debate para que a fuerza de oír sobre el tema creamos necesitar un ebook. Por otro lado, les han entrado al trapo unos alarmistas aterrados ante la posibilidad de no poder disfrutar del aroma del papel.

El libro electrónico presenta ventajas e inconvenientes respecto al libro convencional. A día de hoy creo que los segundos son mayores que las primeras. Pero si en el futuro el libro electrónico se impone, no será por la mera insistencia de sus fabricantes sino porque las ventajas habrán pasado a ser predominantes y capaces de convencer a un público mucho más amplio que los tecnofanáticos que babean ante cualquier cosa que pueda conectarse a Internet. Es decir, porque represente un cambio a mejor. Entonces, ¿cuál es el problema?

Más Moore

octubre 16, 2009

Demasiados años hemos pasado sin un nuevo libro de Lorrie Moore. Y aunque prefiero sus relatos a sus novelas, la publicación de Al pie de la escalera por parte de Seix-Barral me parece toda una noticia para los aficionados a la buena narrativa norteamericana.

Para ir abriendo boca, aquí os dejo una entrevista en la que la autora habla sobre su última novela.

Idealismos

octubre 15, 2009

Columna publicada en Deia el 14 de octubre de 2009.

IDEALISMOS

El pasado día 8 se anunció que el Premio Nobel de Literatura de 2009 ha recaído en Herta Müller, autora a la que no he leído pero cuya calidad no pongo en duda. En los numerosos artículos aparecidos al respecto desde entonces se menciona la sobrecogedora forma en que su obra muestra la Rumanía de Ceausescu y las condiciones de vida de los rumanos de origen alemán tras la caída del régimen nazi. Y en bastantes de tales artículos se da a entender, si no se dice explícitamente, que el mérito de Müller reside en buena parte en la elección de tales temas.

Es cierto que un galardón de este nivel exige una justificación que vaya más allá de la tautología: Fulano recibe el Nobel de Literatura por ser un gran escritor, Mengano recibe el Nobel Química por ser un gran químico… En el caso de la literatura, esa justificación resulta resbaladiza, como demuestran los comunicados hechos al respecto por la Academia Sueca, a menudo de carácter muy general e intercambiables entre autores. Cuando los comentaristas tratan de profundizar más pueden caer en el error, en especial si el autor es poco conocido, de atribuir su calidad a determinada militancia social o política plasmada en su obra.

En palabras de Alfred Nobel, el Nobel de Literatura debe concederse a obras «del ámbito idealista». El término «idealismo» puede interpretarse en este contexto de muy diversas formas: progreso en las capacidades expresivas del lenguaje, reflexión crítica sobre la propia literatura, defensa de causas sociales… Dependiendo de las modas la interpretación ha ido hacia un lado u otro. ¿Pero acaso una obra literaria no es idealista en sí misma, al margen de su temática? ¿No es idealista pretender no sólo plasmar sino llegar a comprender en alguna medida, por pequeña que sea, el comportamiento humano? En eso reside el auténtico valor de la literatura.

Y dicho esto, disfrutemos de los libros de Herta Müller.

Casa desolada

octubre 7, 2009

Columna publicada en Deia el 7 de octubre de 2009.

CASA DESOLADA

Me encanta el cine de ciencia-ficción. El que se hacía antes. Naves misteriosas, El Imperio contraataca, La Cosa… Hoy me cuesta mucho encontrar películas comparables a aquellas. (He tenido en cuenta la eliminación del importantísimo factor nostalgia.) Pero aun así sigo yendo al cine a ver ciencia-ficción. Incansablemente. Aunque sepa de antemano que lo que voy a ver no me va a gustar. Me explico.

Suponga usted que está dando un paseo por su antiguo barrio y pasa por delante de la que, hace mucho tiempo, fue su casa. Ve a uno de los nuevos inquilinos en el jardín y le comenta que usted vivió allí. Él, muy amable, le invita a pasar. En ese lugar vive ahora otra familia, con sus vidas, sus problemas, sus alegrías… pero a usted lo único que le interesa es la casa. Quiere recorrer las habitaciones donde pasó la infancia. Quiere inspeccionar los rincones donde jugaba y que los nuevos inquilinos dejen de molestarle con sus tonterías, que si le apetece un café, que si hemos barnizado el parqué…

A mí me pasa lo mismo con el actual cine de ciencia-ficción. No me interesan los inquilinos, prefiero la casa. Pago gustoso el precio de la entrada sólo para ver naves espaciales, androides, alienígenas, espadas láser, compuertas que se abren con un susurro hidráulico o escuchar una banda sonora de John Williams. Esos elementos de ambientación me producen mucho más placer que las historias. Incluso en el caso de películas como Distrito 9, que presumen de aportar algo nuevo, sólo me encuentro con un añadido realizado a la que fue mi casa; le han sumado una habitación más, diseñada por un arquitecto imaginativo y levantada por albañiles mañosos, pero sus habitantes y las cosas que me cuentan cuando voy de visita no están a la altura.

No he perdido la esperanza. Aún confío en que aquella casa donde fui tan feliz encuentre los inquilinos que se merece.