O.L.N.I

octubre 22, 2009

Columna publicada en Deia el 21 de octubre de 2009.

O.L.N.I

Creo que a todos los que nos dedicamos de una forma u otra a la escritura alguien nos ha preguntado últimamente acerca del libro electrónico. Algunas personas te interrogan bajando la voz, con un tono entre grave y confidencial, como si preguntaran por un pariente en estado terminal o por la evolución de alguna enfermedad venérea que uno padeciera. Yo suelo encogerme de hombros y responder con un sencillo: «No me parece mal». Y después, para que quede bien claro, me encojo de hombros otra vez.

El libro electrónico no me quita el sueño. Estamos ante un caso en que la tecnología no acude a aliviar una necesidad, como sí sucedió con el teléfono móvil, sino que avanza por su cuenta y desarrolla algo para lo que no existía demanda previa. De pronto ha aterrizado entre nosotros un artefacto con el que nadie sabe qué hacer, un Objeto Legible No Identificado. Al margen de los fabricantes, creo que nadie se había detenido a pensar con cierto detenimiento cómo serían las cosas cuando llegara el libro electrónico, de ahí la confusión reinante ahora: no se sabe cómo se comercializarán los textos, cómo se gestionarán los derechos… Sony, Amazon y compañía incitan el debate para que a fuerza de oír sobre el tema creamos necesitar un ebook. Por otro lado, les han entrado al trapo unos alarmistas aterrados ante la posibilidad de no poder disfrutar del aroma del papel.

El libro electrónico presenta ventajas e inconvenientes respecto al libro convencional. A día de hoy creo que los segundos son mayores que las primeras. Pero si en el futuro el libro electrónico se impone, no será por la mera insistencia de sus fabricantes sino porque las ventajas habrán pasado a ser predominantes y capaces de convencer a un público mucho más amplio que los tecnofanáticos que babean ante cualquier cosa que pueda conectarse a Internet. Es decir, porque represente un cambio a mejor. Entonces, ¿cuál es el problema?

2 comentarios to “O.L.N.I”

  1. Miguel A. Zapata said

    Hola, Jon. Paso por aquí con cierta frecuencia, aunque casi nunca he dejado comentario (pura pereza digital). Me parece muy oportuno y bien enfocado en tu post el tema del e-book, que me tiene también a mí a mal traer. El alarmismo suele ser moneda de cambio con trompetas de juicio final en cada nuevo (pequeño o grande) salto tecnológico. Como dices, al final, el balance entre ventajas e inconvenientes de los nuevos formatos y soportes, decidirá la aceptación o no de los mismos. Pero yo (que me cuento entre la tribu de moderadamente alarmados) me pregunto si nuestra tibieza ante la imposición final de esta tecnología digital aplicada al libro no corresponde a la propia de una sociedad acomodaticia a la que lo mismo le da papel que pantalla porque puede costearse ambos medios. Me inquieta el futuro de aquellos colectivos (del Primer al Tercer Mundo, no hace falta mirar a Sierra Leona exclusivamente) cuya única oportunidad de acceder a la educación, la formación y la cultura es mediante el soporte tradicional y barato, que no precisa conexiones ni módems sino dioptrías, y que hasta ahora hemos convenido en llamar libro. Esa conversión en élite (en cuanto a la adquisición y posesión de los medios) de los futuros lectores y el ahondamiento en las diferencias culturales de los ciudadanos, casi sin darnos cuenta, es a mi juicio algo preocupante. Por lo demás, Jon, totalmente de acuerdo con tus planteamientos.
    Un saludo afectuoso y enhorabuena por esa nueva nominación a un premio por tu novela, y van…

  2. jonbilbao said

    Hola, Miguel Ángel, me alegro de que estés entre los visitantes de este blog.
    Llámame ingenuo si quieres, pero me parece que para que el ebook triunfe no bastará la imposición de las empresas (como digo en la columna), sino que tendrá que demostrar sus ventajas sobre el papel. Creo que el ebook tiene una serie de ventajas (como permitir el acceso rápido a los libros a lectores que viven lejos de las poblaciones, o poder comprar las novelas por capítulos y los relatos de independientemente y no como colecciones) pero estas sólo se aplican en ciertos casos o, mejor, en cierto tipo de lectores, que dudo que sea el mayoritario.
    Un saludo.

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