Dependiente electrónico

enero 28, 2010

Columna publicada en el periódico Deia el 27 de enero de 2010.

DEPENDIENTE ELECTRÓNICO

Durante las pasadas navidades, con la disculpa de comprar regalos, pasé una cantidad de tiempo enfermizamente alta en las librerías. Gracias a eso, presencié en varias ocasiones una escena que, con escasos cambios, se desarrolló conforme al siguiente guión:

Un cliente entra en la tienda y pide un libro. Si el cliente es joven, el dependiente le ofrece un título de la saga Crepúsculo. Si el cliente es mayor o ya ha leído todo lo que se puede leer sobre vampiros adolescentes, el dependiente le ofrece la trilogía Millenium. Si el cliente ya es experto en las andanzas de Lisbeth Salander, el dependiente le ofrece La mano de Fátima, de Ildenfonso Falcones. Si el último éxito del autor de La catedral del mar ya está leído, el dependiente ofrece La soledad de los números primos. Si el cliente ya sabe cómo concluye la dramática historia de Mattia y Alice, el dependiente le ofrece La elegancia del erizo, y puede que añada que ése ya es un libro para los muy lectores. Si resulta que el cliente también lo ha leído, el dependiente mira a su alrededor rascándose la cabeza, con expresión de apuro.

Llegado a este punto debo aclarar que esta escena se producía en librerías pertenecientes a cadenas. Supongo que los libreros tradicionales, por la cuenta que les trae, conocerán más títulos que proponer a la clientela.

Todo lo anterior no tiene como objetivo soltar una diatriba contra la cultura de masas, ni contra los best-sellers en particular, sino hacer una advertencia a cierto tipo de dependiente. Más les vale ponerse las pilas porque si no, en estos tiempos de crisis y despidos a la orden del día, dentro de poco en las librerías no sólo podrán encontrarse libros electrónicos; también habrá dependientes electrónicos: una pantalla táctil donde con dos o tres pulsaciones averigüemos cuál es el libro más apropiado para nosotros. Visto lo visto, será más fácil que sacar un bono para el metro. 

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Una estupenda reseña de Grendel en el blog Nuevas palabras mágicas, de Ismael Martínez Biurrun.