febrero 11, 2010

Columna publicada en Deia el 10 de febrero de 2010.

EL ESCRITOR SECRETO II

El fallecimiento de J. D. Salinger ha traído la recuperación de los muchos chismorreos surgidos durante las cinco décadas de retiro del escritor. Entre las lindezas que hemos podido leer en la prensa en las últimas fechas están que su encierro era «enfermizo», que su decisión de escribir sólo para él era «un ejercicio de autoindulgencia» y, por supuesto, historias más escabrosas, como su presunta afición a provocarse el vómito tras las comidas y a beber su propia orina.

En medio de este clima, que casa a duras penas el ataque al autor con la admiración por su obra, ha sido un alivio el artículo de Barbara Celis publicado por El País el pasado domingo. En él se ofrece una imagen muy diferente de Salinger. Si bien se le reconoce un temperamento singular, y a veces difícil, a través de los testimonios de varios conocidos se le muestra como alguien que vivía integrado en su comunidad, que jugaba al golf, iba a restaurantes y recibía visitas de sus amigos. Pero mucho me temo que la imagen que perdure de él sea la otra, la del anciano maniático que vivía encerrado en su casa y amenazaba a todo el que se acercara.

Nos cuesta aceptar que alguien quiera, simplemente, vivir su vida. ¿Cómo una persona que escribió un libro que casi sesenta años después de publicarse sigue vendiendo 250.000 ejemplares anuales decide dar la espalda al mundo? ¿Por qué no aprovecha ese éxito? Estará loco, pensamos. No nos damos cuenta de que sí disfrutaba de su éxito. Salinger declaró una vez que publicar era una terrible invasión de su vida. Le aterrorizaba ser el centro de las miradas, y las ventas de El guardián entre el centeno le permitieron alejarse de ellas. En una de sus últimas, y más famosas, fotos aparece amenazando al fotógrafo, o eso es lo que se dice. Después de examinarla largamente, no veo rabia en su cara, sólo miedo. Y el puño alzado parece más un gesto de defensa que de ataque.

Una respuesta to “”

  1. Feliciti said

    Lo privado no interesa en absoluto por falta de beneficios, eso es lo que hay, google es una buena muestra de ello, si no había bastante con lo virtual, hay que presionar entonces con la combinación móvil-virtual, y qué decir de los miles de anuncios que debemos cerrar en cada visita y que están generando tan enormes beneficios a todas las comunidades, nunca mejor empleado término Comunidad.
    Tendré que leer algo de Salinger, si no ahora, cuando pueda.
    Saludos matinales!

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