Sobre “Cold Spring Harbor”, de Richard Yates

marzo 5, 2010

(Reseña publicada bajo el título de “Verano de corrupción” en el número de Enero-Febreo de 2010 de la revista Clarín.)

El revival de Richard Yates propiciado por la adaptación al cine de Vía Revolucionaria ha resistido lo bastante como para permitir la publicación en castellano de una de las novelas de madurez del autor, Cold Spring Harbor.

La mayor parte de la narración se ubica en el verano de 1942,  primer verano tras la incorporación de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. El matrimonio formado por los jóvenes Evan y Rachel se instala en una casa de alquiler en la pequeña localidad de Cold Spring Harbor, en Long Island. Él trabaja como maquinista en una fábrica y ella practica para convertirse en un ama de casa modelo. A fin de reducir gastos, comparten techo con la madre de Rachel, Gloria, una mujer que ante cualquier dificultad se defiende de la única forma que sabe: hablando; o, para ser más precisos, parloteando. En el mismo pueblo residen los padres de Evan: Charles, capitán retirado del ejército, y Grace, alcohólica y con una incipiente agorafobia. Al comienzo del verano, una vez terminado el curso en la escuela privada donde estudia, se incorpora al grupo Phil, el inmaduro hermano menor de Rachel. La novela apenas nos concede descripciones del pueblo o de espacios abiertos; la narración se concentra en los interiores, en especial en los de la vieja y húmeda casa de Evan y Rachel. No hay más trama que la convivencia de los personajes. Ver cómo se cuecen a fuego lento durante los meses de verano, con la amenaza permanente de una explosión causada por la presión emocional en aumento, resulta fascinante.

Pero no es sólo el calor lo que adensa el día a día. Ninguno de los tres protagonistas masculinos de la novela puede alistarse para ir a la guerra, lo que desean con fervor. Charles es demasiado mayor y sufre problemas de visión. Phil es demasiado joven. Evan se encuentra en la edad adecuada pero tiene los tímpanos perforados, luego es calificado como no apto. El desconsolador panorama que los rodea en sus casas, unido a la inexistente posibilidad de mejora, les hace preferir enfrentarse a los nazis o los japoneses antes que a su familia. Una vez eliminada la posibilidad de combatir tendrán que aprender a afrontar su situación, o bien buscar enemigos sustitutivos contra quienes probar su valía. Evan se vuelve contra su antes adorada esposa, a la que pasa a definir terriblemente como «más blanda que la mierda». El joven Phil busca a un chico, aún más inmaduro que él, del que poder aprovecharse y frente al que salir ganando en comparación. Tanto para los personajes masculinos como para los femeninos, durante ese verano Cold Spring Harbor se convierte en un improvisado frente de lucha, parte de una guerra donde no hay gritos, disparos ni bombas, sino medias verdades encubiertas con palabras educadas, sonrisas y litros de martini, pero que no por eso deja de ser una guerra sanguinaria.

Como ya hizo en Vía revolucionaria y Las hermanas Grimes, Richard Yates demuestra que no necesita aparatosas peripecias para urdir una novela capaz de enganchar desde el principio. Le bastan para ello su habilidad para crear personajes interesantes y de carne y hueso, a los que el lector enseguida siente conocer desde siempre (incluso aunque se trate de secundarios que sólo aparecen brevemente), así como un ágil manejo de los puntos de vista. Una reunión social donde uno de los asistentes se emborracha inoportunamente y otras dos personas se presentan por sorpresa, sin haber sido invitadas, se lee con la misma tensión que si Yates nos narrara uno de los combates que, en ese mismo momento, tenían lugar en el frente del Pacífico. En este caso no hay muertos, pero sí heridos y mutilados, aunque sólo sea a nivel emocional. Pero a diferencia de lo que a la postre terminaría sucediendo en la otra guerra, en la de verdad, en Cold Spring Harbor no habrá un ganador claro, sólo vencidos. Aquéllos personajes que en las páginas finales logran algo que ellos interpretan como una victoria no gozan más que de un alivio pasajero, apenas una prórroga antes de sucumbir derrotados cuando salgan de Cold Spring Harbor y se enfrenten a enemigos mucho más numerosos e implacables.

Richard Yates. Cold Spring Harbor. RBA. Barcelona. 2009

4 comentarios to “Sobre “Cold Spring Harbor”, de Richard Yates”

  1. Estoy de acuerdo, Jon.
    Lleva hasta el extremo el recurso de la no-trama y, aun así, consigue admirablemente un clímax final.

    Un saludo.

  2. Andrea said

    Otro de Yates, lo incluyo en mis lista

  3. David Barreiro said

    Me parece muy notable el manejo del tiempo en Yates. Un verano en CSH, unos meses –los últimos meses– en Vía revolucionaria y toda una vida –dos vidas– en Las hermanas Grimes (para mí la mejor de las tres).
    ¿Hay algo más publicado en castellano?

  4. jonbilbao said

    Hola, David. Que yo sepa, además de los títulos que señalas, existe una traducción argentina de uno de sus libros de relatos: “Once tipos de soledad”, aunque me temo que no será fácil conseguirla. Por otro lado, me suena haber leído en algún suplemento cultural que sus relatos completos estaban en traducción.

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